Una sonrisa demasiado triste se pintó en sus labios mientras pensaba que ni siquiera a la hora de suscribir el Pacto se había sentido feliz. Ni de cerca. Esa era su tragedia, saber que lo que otros conseguían y mantenían durante diez años, él jamás lo había saboreado, ni tan sólo una vez. Sabía que no lo había hecho por él, pero ni siquiera su sacrificio le hizo sentirse completo, no hubo satisfacción, sólo dolor intensificado y, acaso, una molesta sensación de haber matado con aquel golpe maestro todo lo que la vida tenía de bueno.
Krysta tampoco debía de estar siendo muy feliz, comprobó el hombre. Sus ojeras no hablaban de vida placentera, las marcas de su cuerpo no contaban cuentos de hadas. No, Krysta se había beneficiado del Pacto tanto como él y eso era lo que le había hecho reconocerla nada más verla, nada más entrar en aquella habitación de hotel, pulcra y sencilla, como lo eran sus intenciones. Estar con una mujer a modo de despedida. ¿Quién iba a reprocharle que quisiera estar con alguien cuando le quedaba tan poco por vivir, cuando desde que la perdió a ella no había deseado el cuerpo de nadie ni había tenido ganas de ser y sentirse un hombre?
El reconocimiento de los iguales se había manifestado al instante y, más convencido, se había amarrado a su cuerpo menudo y caliente para asegurarse de que ella existía, de que no la estaba soñando ni se iba a evaporar si abría los ojos que mantenía cerrados y atenazados por el miedo durante todo el tiempo que duró la sumisión de Krysta.
Pasados unos segundos, y mientras su mente rememoraba el sabor de la piel de la mujer, el hombre negó con la cabeza. Los ojos tristes, la voz apagada. Y ella quiso ahogar un gritito que le nacía del alma mientras él dejaba escapar una lágrima que resumía diez años de esfuerzos vanos por convencerse de que aquel día hizo lo correcto.
La mente de Krysta había borrado casi por completo todo lo relativo al Pacto. Hacía tres años de aquello y hacía tres años que no pensaba ni en aquel extraño hombre de color ni en la muerte de Ivo que siguió a su visita. Tres años desde que abandonara la miseria de su vida anterior para sumirse en la miseria de su vida actual, un simple cambio de escenario y de acosador, y el resto, cortado por un patrón casi milimétrico.
El hombre conocía su secreto. El hombre lo compartía, él también sabía de qué iba todo aquello. Se preguntó si habría tenido sus mismas pesadillas, sus mismos remordimientos, la misma sensación de angustia recorriéndole el pecho las noches que dormía sola… El hombre estaba a punto de cumplir su propio plazo, eso que a Krysta le parecía tan lejano desde la seguridad que da una ventaja mayor, abismal entre muchos años y apenas una semana. Se preguntó qué se sentiría tan próximo a ver cumplidos esos diez años prometidos y se imaginó a sí misma cuando le tocara el turno. Quizá la desesperación de los ojos del hombre fuera la suya, quizá ella tampoco quisiera irse, también tuviera el miedo a flor de piel en lugar de escondido en el fondo de sus entrañas… pero, ¿acaso morir era tan malo?, deshacerse de ese sentimiento de inutilidad, de esa vida que sentía desperdiciada, gris y carente de ilusiones ¿era eso tan terrible?
El hombre esperaba su confirmación verbal tras obtener la de su corazón, la de sus ojos, la de su asentimiento mudo. Krysta se terminó de ajustar su cinturón de piel marrón, se acercó a la mesilla a recoger el dinero que él había dejado allí cuidadosamente antes de que se desnudaran y andó unos pasos en dirección al hombre que permanecía abatido, como derrotado tras sus breves y angustiosas palabras.
–¿Has sido feliz estos diez años? ¿al menos conseguiste eso?
El hombre vio el miedo de pronto –sólo un instante– en los ojos de la bella Krysta. Un miedo que refulgió y que la recorrió toda entera como un estremecimiento. El hombre reconoció la sensación y casi esbozó una sonrisa, un gesto de aquiescencia, de verse reflejado en él. Sabía que ella debía tener el miedo escondido en alguna parte, porque él sabía muchas cosas de ella, pese a no conocerla más allá de esa misma tarde. Lo sabía por esa videncia que dan los hechos compartidos, las marcas del destino grabadas a fuego en la piel del alma… era iguales, habían cometido los mimos pecados.
Krysta se acabó de vestir en silencio, con ese tic afeándole la cara y los ojos velados por alguna clase de horror. Él se movió inquieto y buscó de nuevo su mirada, necesitaba hacerle saber que él lo sabía, que podía confiar en él, que las cosas horribles no podían borrarse sólo con desearlo, pero que se hacían más livianas al compartirlas. Él necesitaba compartir que a causa de sus pecados iba a morir el domingo, en apenas una semana. Que también tenía miedo, pero que hacía mucho tiempo que había asumido el destino que una vez selló tan consciente y dolorosamente.
-Se acaba mi tiempo… sólo unos días me separan del infierno. Y no me importa mucho dónde acabe, créeme, pero desearía haberte encontrado antes porque sé que tú también llegarás a esto y que tienes miedo y yo… yo también lo tengo...
Krysta convirtió su miedo en horror. ¡Sabía exactamente de lo que estaba hablando! El pacto…
Krysta tenía un extraño tic en el labio inferior que sólo se manifestaba cuando presentía sobresaltos. Aquel tipo la hacía sentir como si fuera a abalanzarse sobre ella o a ponerse delante de la puerta para evitar que se fuera. Si tenía más pasta y quería otros cincuenta minutos, no había ningún problema, no tenía compromisos hasta la tarde del día siguiente. Pero presentía que no se trataba de contratarla de nuevo… no se trataba de disponer de su cuerpo algunos minutos más y luego, satisfecho, dejarla ir a seguir con su vida. No tenía más dinero, ella lo sabía y sin embargo, algo le impedía dejarla. Se secó del todo y comenzó a vestirse sin abandonar su vigilancia sobre su silenciosa presencia, mirándole con esa frialdad tan estudiada, tan eficaz.
El tic se empezó a manifestar cuando esa indiferencia no hizo mella en el hombre, cuando sus ojos se clavaron en los suyos, cargados de pronto de… ¿desesperación? Sí, podía verlo, distinguir el tormento que estaba tomando el control de las emociones del hombre y entonces Krysta ya no pudo contener su labio inferior, que empezó a temblar al mismo ritmo con el que los recuerdos se agolparon en su mente. Ivo… Ivo se materializó en su cabeza, los ojos de Ivo iguales a los de ese hombre y las cosas que tuvo que aguantar a su lado… la crueldad de sus actos, la indiferencia con la que se enfrentaba al futuro, la desesperación de los últimos momentos… la misma desesperación que se dibujaba en los ojos de ese hombre.
Traer a Ivo de vuelta en sus pensamientos no le hizo ninguna gracia, y la rabia, una ira cargada de dolor, desgarradora y pegajosa, se derramó por su interior, deseando que Ivo no hubiera nacido y, por supuesto, que no hubiera muerto como lo hizo… miró sus manos despacio y vio la sangre en ellas, la sangre que derramó para reclamar una vida mejor, una vida sin miedo, sin que Ivo la persiguiera, la manejara, la golpeara o la vendiera al mejor postor. Una vida mejor que, de todos modos, aún no había conseguido.
Le caía el agua en gruesos chorretones por la espalda, su pelo empapado era más oscuro que antes de la ducha y él deseo acariciarlo, acariciar sus formas, su suavidad húmeda. Pero se resistió, se convenció a sí mismo que no podía hacerlo, que ya no quedaba tiempo, que ya no era suya. Krysta le miraba con una sonrisa torcida, afeando sus dulces y engañosas facciones de niña buena. Le sonreía taimada y abiertamente, recordándole que el dinero no alcanzaba para comprar su amor, que él no era de esos que ella deseaba a su lado más allá de los 50 minutos contratados.
Era fría y él pobre, una combinación que no daba para mucho, una combinación que les condenaba a no cruzar más sus pasos, a ser dos seres con vidas diferidas. Y eso no hubiera sido ninguna tragedia en otras condiciones, pero lo era, era una tragedia porque él no tenía mucho tiempo y porque había reconocido algo en ella. Sus caricias, sus atenciones y su cuerpo –a 320 euros la hora– le habían hecho saber que dentro de Krysta había algo que él debía tener y debía tenerlo antes de que todo acabara. Lo malo era que el dinero para comprarla de nuevo ya no existía y que en apenas una semana él ya no podría hacer nada de nada. En una semana, por mucho que la idea le paralizara de miedo, él iba a estar muerto.
Hace unos mese hice unas recomendaciones musicalesentre las que destacaba Kate Voegele, Thriteen Senses, Starsailor o mi idolatrada Brandi Carlile. Hoy voy a hacer un pequeño homenaje a solistas y grupos que me gustan mucho y que quizá no son muy conocidos por el gran público, porque son muy nuevos, porque en España no editan sus trabajos o por que no tienen la suficiente promoción. Echadles un ojo si os gustan las cosas ‘distintas’, seguro que algunua de estas opciones se adapta a vuestros gustos:
(NO ENTIENDO QUE AHORA LOS DE YOUTUBE NO TE DEJEN ENLAZAR LOS VÍDEOS DE LA MAYORÍA DE SU AMPLIO CATÁLOGO SINO ES BAJO 'REQUEST', ASÍ QUE OS TOCA COPIAR Y PEGAR EL ENLACE SI QUERÉIS DISFRUTAR DEL VÍDEO)
Little Toy GuN, de HoneyHoney
Elegir una canción de este álbum debut que apenas tiene unas semanas de vida es casi un sacrilegio, porque todo el disco es magnífico. Suzanne y Ben componen este duo desconocido en España porque aún no les ha dado tiempo a triunfar en casa y exportar su producto. Componen sus canciones y tienen un aire retro setentero muy chulo, con mucha guitarra, algo de country y folk (al estilo Brandi Carlile) y una voz –la de Suzanne– que no van a dejar indiferente a nadie, en este su primer trabajo: ‘First Rodeo’ (2008). Compruébalo clicando el vídeo, no tiene desperdicio (además, cuenta con la colaboración de Kieffer Sutherland). http://www.youtube.com/watch?v=PtQw94OpNKw
Light On, de David Cook
La pasada primavera, cuando se acercaba la final del American Idol, los nervios nos corroían a todos los seguidores de David Cook, jugándose el triunfo con un chavalito sosete y feúco, sin la carisma de Cook, sin su brillantez y su voz rota. David Archuleta calló por más de 12 millones de votos ante su tocayo, por todas esas cuestiones y porque había conquistado al público semana a semana haciendo suya cada canción que le tocaba versionar. En nuestras retinas perdurarán por siempre su ‘Hello’ (de Lionel Ritchie) o su ‘Billy Jean’ (que hizo incluso olvidar por un momento que Michael Jackson es el padre de este temazo). En fin, ahora David tiene disco propio y ya ha estrenado el vídeo de su nuevo single, ‘Light on’, el segundo de su disco homónimo, después de ‘The time of my life’. Para los que no lo conozcáis, esta es una manera excelente de presentarlo, pero si queréis llegar a saber todo lo que es capaz de hacer, por favor, pasaros por el youtube y haced un repaso a todos los temas que cantó en el American Idol. Algo fuera de serie. http://www.youtube.com/watch?v=CP5fBx8JLoQ
Trouble is a friend, de Lenka
Australiana, dulce, apenas conocida y muy original. Lenka es una especie de Mai Meneses (Nena Daconte) a lo extranjero, que destila inocencia y buen rollo por todo su arte musical. Su primer single, ‘The Show’, conquistó a mucha gente y su página del myspace, a través de la cual se dio a conocer, no ha parado de recibir visitas desde que Lenka empezara a ser alabada por la crítica especializada por su originalidad y frescura. ‘Trouble is a friend’ pudo escucharse en Grey’s Anatomy y en 90210 las pasadas semanas, siendo la catapulta ideal para que Lenka fuera escuchada y conocida por un público cada vez mayor y más entusiasmado por lo que ella tiene que ofrecer. http://www.youtube.com/watch?v=TgeWb5v7Z3w
Breathe (2am), de Anna Nalick
Descubierta gracias a uno de los recopilatorios de Grey’s Anatomy, esta canción y esta intérprete se te quedan grabadas cuando lo oyes. Se parece a Eva Cassidy o a Aslyn (recomendadas ambas), con una dulzura en los temas y en la voz que es irresistible. Está a punto de sacar su segundo disco y como ocurriera ya en el primero –‘Wreck of the Day’ (2005)– todas las canciones han sido compuestas por ella misma. En mi colección personal ya hace más de un año que este tema ocupa un lugar ciertamente destacable. A ver qué os parece.
Innocent, de Our Lady Peace
Con cinco millones de discos vendidos quizá haya a quien no le descubra nada nuevo al hablarle de OLP, pero habrá también quien no conozca a estos canadienses pese a sus ocho discos, sus muchos premios y su dilatada carrera. Son, sin duda, uno de los mejores exponentes del rock alternativo internacional y tienen temazos para dar o tomar. Os recomiendo sobre todo el disco ‘Clumsy’. de 1997, una pasada de guitarras, letras súper curradas y la voz de Raine Maida, su cantante, una de las personalidades más carismáticas del rock actual. Os dejo ‘Innocent’, por la letra, por el ritmo, la melodía y lo especial que es… pero no dejéis de explorar otras cosas de ellos, que merecen la pena, sobre todo ‘4 am’ o ‘Superman’s dead’… impresionantes… http://www.youtube.com/watch?v=cQERZzA2uhU
“Pedimos disculpas por las leyes y políticas de sucesivos parlamentos y gobiernos que causaron gran daño, sufrimiento y pérdida a estos compatriotas nuestros.
Por el dolor, el sufrimiento y el daño de estas generaciones robadas, de sus descendientes y de las familias que dejaron atrás, pedimos perdón.
A las madres y los padres, los hermanos y las hermanas, por romper familias y comunidades, pedimos perdón.
Y por la indignidad y degradación perpetrada sobre un pueblo digno de orgullo y una cultura digna de orgullo, pedimos perdón.
Hoy damos este primer paso a través de reconocer el pasado y de reclamar un futuro que incluya a todos los australianos”.
Así se disculpó Kevin Rudd, primer ministro australiano, ante las devastadoras políticas antirraciales llevadas en Oceanía hasta el año 1967 y que afectaron a una población, la aborigen, en clara desventaja frente al invasor británico.
La intención era blanquearlo todo, crear un paisaje social australiano de la más blanca pureza racial, y para ello había que deshacerse de los aborígenes, habitantes originarios de la isla más grande del mundo, que ya llevaban miles de años allí cuando llegaron los británicos. Con esa premisa blanqueadora, se llevaron a cabo, durante cuarenta años, crueles políticas de exclusión, separando a los niños aborígenes de sus casas y familias e “integrándoles” en ambientes más “blancos”. El resultado fue atroz: más de 100.000 niños arrancados a la fuerza de los brazos de sus madres para ser educados como blancos.
La peor parte se la llevaban las niñas, que eran objetivo principal de los agentes del gobierno que recorrían las aldeas aborígenes para cumplir estos macabros propósitos. Se las llevaba a campamentos donde los pequeños reclutados eran educados para convertirse en perfectos niños “blancos”. Las niñas recibían la consigna indiscutible de casarse con británicos puros para tener hijos blancos. Lo peor era que a los hijos de estas niñas, también se los llevaban, para garantizar asimismo sus matrimonios con blancos, y a los nietos también… tres generaciones que eran las que se precisaban para eliminar el gen aborigen de la población, según los eruditos de este macabro plan.
Los niños y niñas eran retenidos en campos durante unos meses y luego se les asignaba un lugar en casas como peones y criadas o en diversas órdenes religiosas.
Las secuelas siguen vigentes hoy, porque apenas han pasado cuarenta años desde que la política nacional de reeducación australiana cesara estas prácticas atroces. Aún muchos niños de entonces no han conocido a sus verdaderas madres, ni a sus hermanos, ni el lugar al que pertenecieron una vez. Muchos fueron arrancados de sus hogares con apenas unos meses de edad y no tienen ni un solo recuerdo del que tirar. Los censos y papeles con sus nombres reales y lugares de procedencia, por supuesto, no existen.
Cuando Australia no era más que la enorme prisión del Reino Unido, los indígenas eran los dueños de su propia patria. Hoy, tras unos pocos siglos, apenas quedan cuarentamil aborígenes en el continente. Los datos, además, son escalofriantes: su expectativa de vida es 17 años menor que la media nacional, son excluidos socialmente, sus niveles de paro, pobreza, alcoholismo y trastornos mentales son alarmantes… La llamada ‘Generación robada’ ha recibido este año una disculpa pública de su Gobierno, pero aún queda muchísimo por hacer, porque no sólo hay que borrar las secuelas de aquellas políticas, sino siglos enteros de barbarie, que llevaban incluso a los colonos a envenenar y borrar del mapa a tribus enteras… eran otros tiempos, pero no están tan lejos como pensamos.
Para saber más:
-Reportaje ‘La Generación Robada’, emitido por ‘Informe Semanal’ el sábado 1 de noviembre. Disponible en www.rtve.es
-Película ‘Generación Robada’ (Rabbit-Proof Fence) 2002. De Phillip Noyce.
Hoy he visto a un hombre que fumaba en pipa, dos guitarras azules (una de verdad, la otra catódica), una mujer vestida de amarillo en bicicleta, una larga cola de personas que querían sellar una quiniela.
Hoy he oído una copla antigua, el ruido de una máquina corta-azulejos, a mi vecino moviendo muebles.
Hoy he saboreado el chocolate amargo, una naranja ácida y un rico vaso de agua fresca.
Hoy he tocado la piel de aquel que duerme a mi lado, las teclas de una máquina de escribir, el dinero que paga el alquiler.
Hoy he olido el delicioso aroma del pan recién hecho, de las tímidas flores de otoño, del jabón de lilas...
Hoy he pensado que sigo adelante, que no me pararé pese a los obstáculos, a los malos modos, al fracaso, a las traiciones. Porque sigo sintiendo, porque sigo estando viva.
Mil y un puntos de vista para la vida, para las cosas que nos pasan, para esta sociedad en la que vivimos, para nosotros mismos, cómo nos vemos, cómo nos ven... todo tiene puntos de vista diferentes, muchas visiones, miradas para un mismo hecho. Yo quiero abrir mis ojos y ser capaz de ver todas ellas.
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