Publicidad:
Terra
La Coctelera

La otra vida de Lois Lane

Las cien mil miradas

26 Julio 2011

La lucha

Relato escrito a raíz de cinco palabras sugeridas:

 Luz, verde, reliquia, viaje, descubrimiento

La lucha

"Ir hacia la luz", así lo llaman cuando el cuerpo se convierte en un lastre en el paso a la otra vida, en el camino en el que el alma se eleva y deja el traje pesado, efímero, viejo de la carne humana.

El día que cumplí veinticinco años yo caminé hacia la luz. A mi alrededor era todo dorado y blanco. La paz se instaló en mis pulmones, en mi corazón, en mi cabeza. Y yo me dejé llevar porque era todo demasiado fácil. Era sumamente sencillo caminar hacia ese resplandor cálido y brumoso que prometía descanso y cuya delicadeza se podía sentir como la brisa suave se siente en el rostro los días de primavera en la montaña. Todo mi ser quería caminar hacia ese resplandor suave que prometía envolverlo todo y calmar el dolor.

El dolor era lo único que había existido hasta que apareció la promesa de la luz. El dolor estaba en todas partes, aunque era más intenso en la cabeza y en las piernas. No sentía mi cuerpo pero sí todo aquel dolor. Y dolía tanto y era algo tan absorbente y único, que todo se desdibujaba a mi alrededor como la acuarela se diluye en agua tibia.

En algún momento oí voces cerca de mí. Creí entender mi nombre. Pensé que reconocía la voz que me llamaba, pero incluso concentrándome, sentía que mi cabeza estaba hecha pedazos, desunidos los vasos comunicantes que permitirían a mi conciencia reconocer nada más allá de aquel punzante dolor. Intenso como el sol en verano, frío como la nieve en una ventisca. Y entonces llegó la promesa que se envolvía en la luz.

Mis recuerdos coherentes se detienen en el momento en el que el coche pasó veloz el semáforo como si estuviera verde y me llevó por delante sin consideraciones. Recuerdo caer a cámara lenta. Recuerdo ver salir volando en sentido contrario mi motocicleta roja. Recuerdo pensar con pánico en una fracción de segundo que no estaba segura de llevar el casco bien abrochado. Recuerdo tener el asfalto a un milímetro de mi cara. Y luego nada.

Después de aquel último recuerdo en mi mente se instalaron el dolor más intenso que hubiera padecido jamás y el calor de la luz sanadora que en mi mente se fue haciendo fuerte poco a poco, desplazando un sufrimiento creciente y abrasador por una calma pacificadora a la que quise abandonarme por completo.

No recuerdo cuánto duró la lucha entre las tinieblas y la luz. No puedo ni siquiera establecer qué hubiera sido mejor: si dejarme llevar por la dulzura del resplandor o seguir aguantando la agonía de un dolor rojo, terrible, lacerante... ahora sé que el dolor significaba la vida. Ahora sé que la luz era el abandono placentero a los brazos de la muerte, emprender el viaje sin retorno y sin esperanza... como la misma vida, lo que merece la pena no es fácil y causa dolor.

Los recuerdos dejan de funcionar cuando estás sumida en un coma que consideran grave. De esos que dejan a tu familia temblando y preguntándose por qué, y a ti te sumen en una duermevela siniestra donde tú misma luchas contra tus propios deseos y en lugar de dejarte llevar tienes que aferrarte a algo, por más pequeño que sea, para saber a quién debes seguir, qué decisión tomar. Porque la vida es un hilo tan fino que supone todo un descubrimiento saber qué camino tomar. Porque la vida se rodea de fragilidades y tú eres tan pequeña que no sabes a quién hacer caso.

Y en esos momentos eternos, sin más pistas que algunos susurros que llegan lejanos pese a estar dichos con mucho cariño a tu lado, sin más aliento que el último, sin más argumentos que la placidez que emana de la luz y lo mucho que duele alejarse de ella... lo importante es sentir que eres más fuerte que la delicadeza y el calor. Y cuando, como una reliquia, te aferras a esa voz que cada vez susurra más fuerte, más cerca... "Lucha. Vuelve conmigo. Eres fuerte. Quédate en este lado. Abre los ojos", le haces caso y lo consigues... eso simplemente hace que la balanza se decante de tu lado y el destino te declare vencedora.

Desperté tras seis días de coma profundo. El coche que me atropelló se había dado a la fuga y tardaron unos minutos valiosísimos en encontrarme y trasladarme a un hospital. Afortunadamente mi casco estaba bien colocado, aunque eso no evitó que el brutal golpe en la caída sobre mi cabeza, hiciera temer por mi vida y hasta por mis funciones motoras en caso de sobrevivir.

Estoy bien. Lo logré sin mayores secuelas que una larga rehabilitación para volver a usar mis dos piernas rotas, partidas en pedazos a la altura de las rodillas. Pero algunas noches aún me despierta el recuerdo de un dolor absoluto y la certeza de lo fácil que hubiera sido tomar el camino brillante y cálido de la luz. Y abandonarse.

Afortunadamente lo fácil nunca me ha convencido. Eso me salvó la vida.

servido por loislane 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

javier-caspito

javier-caspito dijo

Me ha sobrecogido. sobre todo porque un amigo mío acaba de tener un accidente de moto, del que ha salido bien. Muy buen relato.

31 Julio 2011 | 10:53 PM

luarsk

luarsk dijo

Esto demuestra que eres capaz de crear historias a partir de unas simples palabras...me encantas;)

20 Agosto 2011 | 04:04 PM

Escribe tu comentario


Sobre mí

Avatar de loislane

La otra vida de Lois Lane

ver perfil »
contacto »
Mil y un puntos de vista para la vida, para las cosas que nos pasan, para esta sociedad en la que vivimos, para nosotros mismos, cómo nos vemos, cómo nos ven... todo tiene puntos de vista diferentes, muchas visiones, miradas para un mismo hecho. Yo quiero abrir mis ojos y ser capaz de ver todas ellas.

Fotos

loislane todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera