Reconocimiento

El hombre vio el miedo de pronto –sólo un instante– en los ojos de la bella Krysta. Un miedo que refulgió y que la recorrió toda entera como un estremecimiento. El hombre reconoció la sensación y casi esbozó una sonrisa, un gesto de aquiescencia, de verse reflejado en él. Sabía que ella debía tener el miedo escondido en alguna parte, porque él sabía muchas cosas de ella, pese a no conocerla más allá de esa misma tarde. Lo sabía por esa videncia que dan los hechos compartidos, las marcas del destino grabadas a fuego en la piel del alma… era iguales, habían cometido los mimos pecados.
Krysta se acabó de vestir en silencio, con ese tic afeándole la cara y los ojos velados por alguna clase de horror. Él se movió inquieto y buscó de nuevo su mirada, necesitaba hacerle saber que él lo sabía, que podía confiar en él, que las cosas horribles no podían borrarse sólo con desearlo, pero que se hacían más livianas al compartirlas. Él necesitaba compartir que a causa de sus pecados iba a morir el domingo, en apenas una semana. Que también tenía miedo, pero que hacía mucho tiempo que había asumido el destino que una vez selló tan consciente y dolorosamente.
-Se acaba mi tiempo… sólo unos días me separan del infierno. Y no me importa mucho dónde acabe, créeme, pero desearía haberte encontrado antes porque sé que tú también llegarás a esto y que tienes miedo y yo… yo también lo tengo...
Krysta convirtió su miedo en horror. ¡Sabía exactamente de lo que estaba hablando! El pacto…


instanteca dijo
Caramba, caramba. Me tienes enganchadísimo.
Eres un soplo de aire fresco en esta coctelera cerrada. Besos.
28 Noviembre 2008 | 10:02