Le caía el agua en gruesos chorretones por la espalda, su pelo empapado era más oscuro que antes de la ducha y él deseo acariciarlo, acariciar sus formas, su suavidad húmeda. Pero se resistió, se convenció a sí mismo que no podía hacerlo, que ya no quedaba tiempo, que ya no era suya. Krysta le miraba con una sonrisa torcida, afeando sus dulces y engañosas facciones de niña buena. Le sonreía taimada y abiertamente, recordándole que el dinero no alcanzaba para comprar su amor, que él no era de esos que ella deseaba a su lado más allá de los 50 minutos contratados.
Era fría y él pobre, una combinación que no daba para mucho, una combinación que les condenaba a no cruzar más sus pasos, a ser dos seres con vidas diferidas. Y eso no hubiera sido ninguna tragedia en otras condiciones, pero lo era, era una tragedia porque él no tenía mucho tiempo y porque había reconocido algo en ella. Sus caricias, sus atenciones y su cuerpo –a 320 euros la hora– le habían hecho saber que dentro de Krysta había algo que él debía tener y debía tenerlo antes de que todo acabara. Lo malo era que el dinero para comprarla de nuevo ya no existía y que en apenas una semana él ya no podría hacer nada de nada. En una semana, por mucho que la idea le paralizara de miedo, él iba a estar muerto.
Y me dejas asi??? Que bien escribes niña!! Me has enganchado mogollón, así que por favor sigue la historia!!
Nos vemos guapa!
Muy bueno!! Me gusta lo irremediable. Besos.
Espero que esto continúe, no nos puedes dejar den lo mejor.
Siempre me ha llamado la atención el mito del hombre-salvador de la mujer que se prostituye, de la mujer a la que paga por un tiempo.
Muy bien escrito, nena, como todo lo tuyo.
Besitos