El consuelo tenía forma de bolsita de caramelos. A ese consuelo le gustaba aferrarse las muchas veces que la vida se le había puesto cuesta arriba, como esa marchita mañana en la que iba a celebrase el funeral. En esos momentos se agarraba con fuerza al recuerdo de esa bolsa de celofán transparente, primorosamente preparada y cerrada con un lazo rosa, elaborado por unas manos expertas -asumía-, llena de caramelos de mil colores, una bolsa perfecta de curvas redondeadas, de olor delicioso, de tacto suave y frío, de sensaciones desatadas, de promesas que un día la devolverían a su casa... de esperanzas. Hubo un tiempo, un tiempo eterno, oscuro, helado y solitario, en el que esa bolsita de caramelos supuso su única conexión con el mundo, casi con ella misma. Hubo un tiempo, difuso, turbio, casi perdido, en el que esa bolsita de caramelos ocupaba todos sus pensamientos y era la única razón que era capaz de encontrar para levantarse por las mañanas, para respirar, para comer, para obedecer.
Mercedes tenía nueve años cuando recibió la bolsa de caramelos de manos de su padre. La recibió a modo de despedida, como un adiós doloroso y anunciado, que les rompía el corazón a ambos y les dibujaba sombras acuosas y tristes en los ojos. Lucía había recibido una bolsa también, que enseguida rasgó para tomar uno de los caramelos y llevárselo a la boca con satisfacción. Lucía sólo tenía cinco años y no entendía ni el viaje, ni la despedida, ni la tristeza que embargaba a su padre y a su hermana. Sólo pensaba que era divertido viajar en el coche nuevo de papá, que le gustaba que su madre no estuviera cerca para que no pudiera requisarle los caramelos y que ese lugar en el que habían parado no le parecía nada bonito, demasiado gris, grande y frío. Mercedes contempló con horror cómo Lucía no veía lo mismo que ella en el regalo de su padre, en esa bolsa llena de esperanza que tenía demasiados significados como para romperla, abrirla o mancillarla. Se le pintó un gesto de disgusto en los labios que a su padre no le gustó y reprendió con voz agria y severa a Lucía por ser tan apresurada y tan niña.
Al darles los caramelos, Julián las había mirado con tanta pena en sus ojos que Mercedes estuvo segura de que iba a cambiar de idea en el último momento. Estuvo segura de que él iba a dar marcha atrás al plan absurdo y descabellado que había puesto en marcha, un plan que las separaba de él, de su casa, de su madre, de su vida, de las tardes con Teresita, del piano, de la terraza llena de hortensias, de la abuela Fermina, de los domingo en el Retiro... un plan que pretendía abandonarlas en esa ciudad fea y lejana a la que su padre las había desterrado, allí donde no había sol, no había terrazas llenas de flores, no había paseos, no había música ni cariño. Pero Julián mantuvo férrea su resolución de dejarlas allí, a salvo y protegidas, preguntándose qué haría con Miguel Ángel, el mayor, porque a él no le podían tener metido en un convento de religiosas y no se le ocurría cómo alejar al muchacho del miedo y la angustia de Madrid. Se mantuvo firme pese al dolor que sentía en el pecho y pese a los ojos suplicantes de Mercedes, que no dejaban de reprocharle en silencio el abandono.
-Será por poco tiempo. Ya veréis qué bien lo pasáis con la tía Elvira. Con lo buena que es...
Eso no era verdad, lo sabían los tres, pero algo había que decir para evitar los reproches que le llegaban desde los ojos de Mercedes. No era verdad porque Elvira no sabía lo que era la compasión ni el amor. Sólo se regía por la regla de la austeridad y por eso era la Madre Superiora de las Brígidas. Elvira, acostumbrada a llevar todos los órdenes de la vida con mano de hierro, ocupaba el puesto desde hacía seis años, siendo la superiora más joven en ocupar ese honor desde la fundación del Convento. A las niñas no les gustaba la tía Elvira, a Julián tampoco, pero era la hermana mayor de Carmela y la única salida al problema que tenían entre manos, sacar a las niñas de la ciudad y dejarlas en algún lugar seguro. Elvira se había ofrecido gustosa a dejar que las dos pequeñas se quedaran en el Convento, no así Miguel Ángel, que en octubre cumpliría catorce años y ya no era propio alojarlo con una comunidad enteramente femenina.
Pese a todo, su padre las dejó allí. Las dejó al cuidado de una mujer con carácter de acero y una amargura demasiado evidente para ser una religiosa de tan alto rango. Las dejó y las niñas no tuvieron más remedio que vivir la vida a oscuras que aquel convento de Valladolid tenía para ofrecerles. Mercedes se dormía todas las noches con la bolsa de caramelos bajo la almohada, añorando los ojos de su padre y hasta la frialdad de su madre, soñando con el día en el que las bombas dejaran de caer sobre el cielo madrileño y un coche con su padre al volante las rescatara de aquella oscuridad. Rogando que Elvira se olvidara de ellas y las dejara en paz...
Joeee niña, cómo escribes... si es que eres lo más!!! Y eso mismo quiero... más... más de esto que me ha gustao tanto y me ha dejao con la miel en los labios...
En fins... a ver si me cuentas....
Besos flamenkos
Niñaaa que toy meá de la risa... a tos los blogs que entro has entrao tu justo antes a saludar y dejar comentario jajaja voy a remolque tuyo...
En fins.. que sí que como le decía a decanela se ve que ha servio pa algo más que pa ser más vieja eso de mi cumple...
Que alegria... más besos flamenkos
Mooooola
Precioso, me ha gustado mucho.
Buen blog, nos seguiremos viendo por aquí...
Que placer leerte de nuevo! me encantan estos trocitos que nos dejas, luego podemos imaginar el resto de la historia. No desaparezcas tanto!!
Un besote
ahhh biennnn biennn agua que quita la sed , son tus palabras mi niña lois.
no pares...por fa ;)
caramelo...¿ummm de mora?
Hola ,,, que alegria ,, como esta mi periodista preferida ? espero que bien , siempre paso por tu casa con la esperanza de ver que has escrito , de saber como estas , hoy no me has dado tiempo a hacerlo ,, cuando he ido a mi blog , me he encontrado con tu comentario ,, gracias ,, Ha sido un verdadero placer volver a leerte , me gusta como describes las cosas , los momentos , los sentimientos , me gustaria seguir leyendote ,, eso querria decir que si no estas por aqui como nosotros ,, si pasaras de tanto en tanto ,,se que estas muy ocupada,, y no te sobra tiempo , pero si entraras de vez en cuando ,,no tendria tanto trabajo , por que si has pasado por la casa de tus amigos para leer y dajer mensaje ,, te habra ocupado un buen tiempo , si pasas de tanto en tanto , no tendras tanto trabajo ,, he logrado convencerte de que no desaparescas por tanto tiempo ? espero que si ,, tal vez mi alegato sea pobre pero es real, larga ausencia , mas trabajo ,, Bueno no quiero largarte un rollo, estoy muy contento , que hayas vuelto , que hayas escrito , que hayas pasado por mi casa a comentarme , Gracias ,,, Cuidate ,, Vale ? Un abrazo inmenso Paujam
Que manera mas real de contar cosas tiene mujerrrrrrrrrrrrr....gusto en leerte
El relato, magnífico, vibrante, con descripciones que pintan al óleo la escena, y acotaciones que invitan a la reflexión.
Respecto a lo que comentabas en mi recién estrenado espacio bajo esta nueva personalidad de Ixus... Sí, en el pasado he sido un Simon Templar virtual (Eso sí, siempre el original Roger Moore, con permiso de Val Kilmer) que mudaba de piel por puro gusto de hacerlo. Pero no ahora, no esta vez, mi querida paisana. El blog de Janton ni lo borro ni lo abandono, a él volveré, esa esperanza tengo, cuando las circunstancias sean propicias y, como explico allí, pueda reanudar el relato de mis vivencias que en ese espacio venía haciendo. No quiero mancillarlo con política ni noticias de sociedad, prefiero empezar de nuevo en otra parte, como he hecho. No huyo ni desaparezco, solo separo el grano de la paja. En todo caso, que sepas que estoy encantado de volver a leerte. No dejes pasar tanto tiempo sin saber de tí...
Me ha encantado tu relato!! y me has transportado a mi niñez, cuando iba de vacaciones al convento, donde mi tia monja era directora,,, gracias a Dios mi experiencia fue diferente a la de esas niñas, si hoy me gusta tanto leer, se lo debo a esos dias que pasaba en el convento, donde nada era frio ni gris, sino lleno de flores y comidas sabrosas!!!
Un abrazo grande, y como siempre, un placer leerte
Siempre
yo
Mi Super NIña de las Hortensias !!!!! qué bonito saber que estas de nuevo por acá .-... y que podamos nuevamente poder leerte !!!
A mi tambien esos caramelos me llevaron a mi infancia cuando mi abuela cuando salia de casa, que era muy muy poco traia unos caramelos acidos de colores y recubiertos de azúcar ...sólo que era una sola bolsa para todos y nos tocaba de a un caramelo a cada uno...pero en mis recuerdos ahora que te leo puedo encontrarme nuevamente con esa sensacion que producia el acido-dulce en mi boca y hasta agua se me hace !!!!
Gracias dobles entonces !!!!
Un super abrazo mamútico nena ... Bienvenida a casa!!
Lois!!
Cómo me alegro de que estés otra vez por aquí (y por partida doble, que ya he visto que hoy también has publicado).
Ya sabes que me encanta cómo escribes...pero de todas maneras te lo diré una vez más...cómo me gusta!! Es que me imagino las escenas perfectamente, con esas pedazo de descripciones que haces. Cómo me gusta que la gente vuelva por aquí de vez en cuando (aunque espero que lo hagas más a menudo!!)
Me voy al siguiente ;)
Besets!!
Condensamos en las pequeñas cosas los grandes sentimientos que nos atravesaron. Tenemos una forma anárquica de almacenar los recuerdos pero muy efectiva. Cuanto menos usamos un sentido más recuerdos nos sugiere.
Muy buen relato, como siempre. Consigues además que parezca que fue ayer la última vez que te leí.
Y eso me sabe a caramelo. Los besos que te mando, también.
Leí esta historia antes de ayer... y me causó una extraña sensación.... casi parecía el guión de una película.
Ya ves mi niña que ando con prisas y no tengo ni tiempo a veces..... ¡no consigo explicar que pasa en mi vida!... si mis horas son las cortas que las demás.....!
Me alegro un montón de tu vuelta que la veo con fuerza.
aquí me tienes preciosa!. Besiños.
Ha sido maravillosa tu vuelta, con esta agilidad que tienes para plantear una situación.
Me ha emocionado el escrito sobremanera, tal vez porque me trae recuerdos de otra despedida, de otro padre y de una nena de cinco años.
Besos