Los sueños se vuelven tan reales que duelen y Ángel aparece continuamente entre las sábanas y le susurra al oído, muy suave, con mucho amor, que siempre estará allí, a su lado, en esa cama que compartieron. Esa cama que entonces fue testigo de los mejores momentos y ahora se ha convertido en una tumba en vida para Mercedes. Una cama que de repente es enorme si él no acude en sus sueños y la llena con su presencia y sus besos.
Mercedes se pregunta si ya se ha vuelto totalmente loca. Su lado más racional le habla de que debe olvidar, reponerse y vivir una vida en la que Ángel ya sólo es una parte de su pasado. Acaso la más importante, pero pasado al fin y al cabo. Pero el otro lado, el que se rige por la pasión, ese no está de acuerdo con la idea y se empeña en traer a Ángel a sus sueños y dotarlos de un realismo desgarrador… en su locura Mercedes de verdad cree que el cuerpo de Ángel duerme a su lado cada noche.
Por supuesto le oculta estos pensamientos a los demás. Ni siquiera Pablo puede saberlo porque la miraría con repugnancia y la daría por perdida para siempre en el mundo de los desarreglos emocionales. Él, incluso él, el sabio Pablo, él también la rechazaría y la condenaría.
Y Mercedes se da cuenta de que esa situación sólo puede ir a peor. Condenarse está resultando muy fácil y muy placentero porque ¿cómo iba ella a renunciar a sus noches con el hombre al que ama? ¿cómo cambiar eso por el vacío absoluto, la soledad y la ausencia de amor en su vida? Es del todo inconcebible.
Aquella mañana del paseo, Ángel había abandonado prematuramente los brazos de Mercedes y ella, de pronto, se había sentido tan desarropada que tuvo que acudir a Pablo en busca de auxilio. Le sacó de la cama, a pesar de que en sus ojos se reflejaba una considerable falta de sueño, y le arrastró hasta la calle, en un intento desesperado de acallar los ruidos sordos de su cerebro.
Pablo ni siquiera sospechaba de la tumultuosa vida interior de su hermana. Él está contento por verse arrollado de pronto, por las ganas de ver la luz que esa mañana siente Mercedes. Pero no ve los fantasmas que la persiguen, que la arrastran cada noche a los abismos. Ni siquiera puede imaginar que Mercedes se entrega a Ángel noche tras noche, en un intento loco por aferrarse a una pequeña esperanza.
“Sin esperanza no soy nada. No existo”. Y sin Ángel la esperanza es sólo un recuerdo vago, impreciso, lejano... ella no puede renunciar a esa pequeña posibilidad de seguir durmiendo entre los brazos de la persona que ama, de contarle cómo le va su vida sin él, sin su presencia corpórea y real. Pablo no sospecha, no imagina tales despropósitos, porque él cree con una fe ciega en su hermana y porque ve que poco a poco la está rescatando del fondo del pozo.
Pablo se deja llevar feliz por la ciudad. Se olvida de acordarse de añorar a Dylan y se refugia en la risa tímida que Mercedes deja escapar al viento helado de esa mañana de febrero. Los minutos pasan deprisa y ella pide regresar después de desayunar en aquel café de sus días felices y de traer algunos recuerdos gratos. También negros como nubarrones, recuerdos que le encolerizan, que le despiertan un odio difícil de ocultar. Se le crispan los dedos y siente un deseo irrefrenable de buscar a Marco y encararlo, hacerle pagar todos sus despropósitos y todo su mal. “Maldito seas por siempre, Marco, maldito bastardo, maldito, maldito...”.
Mira a Mercedes cuando abandonan el café y sabe que ella se entristece por los recuerdos que han acudido a la mente de su hermano. Sabe que lee en su interior y que ha comprendido que los recuerdos no deben ser desenterrados, aún no, no hasta que sean capaces de separar el grano de la paja, separar a Martín y a Marco, los buenos momentos de la tragedia y la perversidad de quienes no les quisieron nunca. Mercedes niega en silencio, suplicándole con los ojos acuosos que abandone sus ideas de venganza, para que olvide que ha recordado aquellos días y sus consecuencias. Es una petición imposible, la cabeza de Pablo se ha empañado de nubarrones y será difícil olvidarse de ellos.
5 comentarios
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Cómo escribe mi niña! ufff me dejas así así blandita y ...pensativa.
Creo que a veces pulula algún que otro fantasma...creo que a veces, a tí también te pasa.
Pero...creo que es momento de invitarle a tomar café y decirle, "mira...tengo frío...marchate"
te quiero mucho peque.
tu guass
Tremendo. Ojalá yo escribiese así.
Esto es un adelanto de otro novelón?....Dime que siiiiiiiii
Angel es un fantasma......
Weno, esperaré la siguiente dosis de medicina tuya.
Bessiños!!
Hola!! no te comenté antes porque quería leerlo despacito, con calma, sin prisas.
Me ha encantado, como siempre je je. Espero que tengamos continuación, porque eso significará que tienes tiempo libre je je, que estás siempre muy liada.
Un besote guapisima!!!
Hola,,, me ha encantado este trocito de la historia de Mercedes ,, me gusta mucho como escribes ,,lastima que tienes poquito tiempo para escribirnos aqui ,,,, pero bueno ,, aun asi en cuenta gotas ,,,, es un verdadero placer leerte ,,,, un abrazo inmenso Paujam