Sigues igual, Javier
Ayer volví a ver a Javier, pero sólo de lejos, de pasada. Él no me vio y casi lo agradecí porque es muy charlatán y yo no lo soy menos y, así, con la claridad que da la distancia, juraría que iba con prisa (como siempre). Hace ya unos meses que no coincidimos, que no nos paramos a conversar y analizar las dolencias culturales del mundo y, francamente, me gustaría remediarlo, porque pese a sus acelerones normales, siempre es un placer charlar con él.
Ayer pasaba cerca de mi calle. Iba poco abrigado para las horas que era -un fino jersey de entre tiempo- y llevaba esos andares desgarbados que son su seña de identidad. En su regazo llevaba, como es tan habitual, su legajo de periódicos, esos que él gestiona y distribuye así, a pie y a cuestas, disfrutando de la calle y de la gente. Iba acompañado y como siempre, parecía feliz. Me recordó al Javier de hace un año… pese al premio, pese a que ahora podría estar firmando ejemplares de best-seller en librerías y grandes superficies comerciales; pese a que podría ser una figura… pese a todo sigue siendo el hombre que se pasea con el periódico ‘Campus’ bajo el brazo, con paso apresurado y las ideas muy claras, como el Javier de hace un año, exactamente igual.
Javier habla muy deprisa, le gusta pasarse la mano por su perilla, viste su ropa sin preocupaciones y, a veces, es difícil de seguir. Pero Javier es una de esas pocas personas de este mundo que siempre adorna su cara con una sonrisa y que pinta en sus ojos la idea del optimismo las más de las veces. Ayer seguro que así era el Javier de hace unos meses, porque en la lejanía yo le imaginé así, que es como le tengo patronado en mis memorias.
Fui consciente al verle ayer de que realmente me hubiera gustado pararle y llevarle a alguna tasca cercana -la del zamorano, por ejemplo- y sentarle delante de una caña y unas aceitunas y dejarle hablar. Dejarle que me contara cómo le van las cosas, cómo lleva lo de la casa rural, cómo está su niño, cómo sus escritos de medianoche. Y preguntarle por sus novelas, las que encierra en ese cajón que todos los escritores de escodite tenemos bajo la mesa de trabajo. Y preguntarle por la marcha de su hija más querida, la novela que triunfó, la que le pudo llevar muy alto. “Eres tú el que primero tiene que tener fe en tu obra. Tienes que convencerte de que has hecho algo bueno y has de saber venderlo, sin perder la esperanza, llevando tu obra a todas partes, sin desfallecer”… es su idea de la vida literaria… y yo ahora me pregunto… ¿y si después de llevar tu novela a todas partes, de conseguir hacerla llegar a lo más alto, si después de todo, lo que añoras es lo que eras antes?... ¿es eso lo que te pasa a ti?????
O es que no te dejaron continuar, que te pararon los pies cuando sacaste a tus hijas menores del cajón… ¿mereció la pena no quedar segundo por una vez? ¿mereció la pena llevarte el premio, pese a que la caída desde las altura suele doler más? Si buscáis al vencedor del Premio Azorín de Novela (el segundo de más prestigio de la editorial Planeta, después del que lleva su propio nombre) veréis la obra de Javier … su hija, que ya está en la segunda edición. Ganó el premio, lo recogió y luego regresó a León… Javier es así. Y sigue siendo así.
Espero verlo de nuevo muy pronto. O quizá le dé un toque, o le escriba un correo… ahora necesito de su experiencia porque en abril saldrá mi hija al mundo. En abril tendré que clavarme las uñas en el corazón, la niña verá la luz por fin y yo dejaré la protección, la cáscara de nuez en la que vivo laboralmente… mes de cambios. Qué miedo.
Antes de acabar... os remito el artículo que escribí en su día sobre él... sobre el gran Javier.
el triunfo de la constancia
Se define a sí mismo como una persona trabajadora y tenaz -“contumaz, si quieres”, matiza riendo-, de propósitos firmes y absolutamente convencido de lo que hace. “Eres tú el que primero tiene que tener fe en tu obra. Tienes que convencerte de que has hecho algo bueno y has de saber venderlo, sin perder la esperanza, llevando tu obra a todas partes, sin desfallecer”. Es así como ha logrado una hazaña reservada a unos pocos elegidos: ‘La crin de Damocles’ se alzó hace unas semanas con el prestigioso Premio de Novela Azorín 2006, que le ha permitido ver su novela en los escaparates de todas las librerías de la mano de la todopoderosa Editorial Planeta.
Cuenta Javier que no se acuerda de lo primero que le pasó por la cabeza cuando le nombraron ganador del premio. “Me habían dicho que era recomendable que estuviera presente cuando se hiciera público el Azorín. Fui allí y fue todo de locos: empezaron a hacer descartes de entre los diez finalistas, hasta que sólo quedamos dos”. Afirma saber lo que es llegar a una final y estar muy cerca de conseguir el objetivo, “ya he sido finalista en varias ocasiones y no pensé que fuera a ser yo el ganador porque no tengo nombre ni contactos, pero ya ves, no se cumplieron las previsiones y al final me lo llevé”. Ahora, este escritor bañezano, que lleva esgrimiendo la pluma desde los 14 años, ve ‘La crin de Damocles’ publicada y al alcance del público de todo el país. “No siempre consigues tus propósitos para lo que consideras que es tu mejor trabajo, pero estoy muy contento”.
Dice tener otras seis novelas guardadas en el cajón, donde se dejan los objetivos que no lograron llegar al puerto deseado, pero que siempre paseó “de concurso en concurso, sin perder nunca la constancia”. Javier escribe por las noches, cuando acaba con las obligaciones que le unen a la revista ‘Campus’, la más antigua de su categoría de todo el país y de la que él fue presidente. “Me suelen dar las cinco de la mañana escribiendo porque todos los días tengo cosas que contar”. De tan profunda dedicación le salen las cuentas de más de quinientos cuentos, las seis novelas anteriormente referidas, poesías a cientos, más de medio millar de artículos periodísticos, colaboraciones en diversos medios… este autor imparable, que no puede vivir sin escribir, es inasequible al desaliento: “soy el yunque que desgasta los martillos”, declara satisfecho.
Y promete no cambiar ni un ápice pese a los laureles y mieles que hoy saborea. “No se puede vivir exclusivamente de la literatura si no eres uno de los grandes, así que hay que seguir trabajando y escribiendo a diario”. Se considera antes escritor que “publicador”, con la meta puesta en seguir teniendo cosas que escribir, más que en la ocasión de publicarlas. Considera la tenacidad y la coherencia como virtudes indispensables para cualquier autor y no se muerde la lengua al afirmar que “el defecto que se le debe perdonar a todo escritor es la mentira, con la que se construyen grandes historias”.
Se documenta concienzudamente porque sabe que la base de cada una de sus novelas y cuentos está en que las piezas encajen perfectamente. “No soy de los que escriben con el corazón, ese tipo de obras no me salen. Yo hago historias que cuenten algo, como en ‘La crin de Damocles’, una novela negra que transcurre en la Alemania de los años veinte, una época absolutamente fascinante y tan poco explotada”. Le cuentan desde la editorial que las ventan van muy bien y que ya están preparando segunda edición, “después de esto, lo único que me da miedo es volver a quedarme en el ámbito local, espero que el Azorín me sirva para dar un paso hacia delante”.
‘La crin de Damocles’ o de cómo un solo hombre mantiene el orden interno en la Alemania de entreguerras.
Los extraños, convulsos, oscuros y trascendentales años veinte suponen el escenario temporal de la obra de Javier Pérez, que ha elegido el estilo negro para contar una historia que tiene lugar en Munich. Allí, en medio de una crisis económica y social sin precedentes, el comisario de asuntos políticos Müller acaba de detener al líder nazi, Adolf Hitler, tras su intento de golpe de Estado y el robo de varios billones de marcos del Banco de Alemania. El peligro nazi y la amenaza comunista intentan hacerse con el poder de una Alemania que se tambalea y sólo un hombre puede hacerles frente a todos: Müller, “un personaje absolutamente gris, que nunca dirías que es el bueno de la historia”.
Con este argumento, una excelente novela negra con una trama cuidada y absolutamente precisa, Pérez nos cuenta una de las caras menos conocidas de la Historia del siglo XX, la crisis alemana de entre guerras. “Nadie parece querer nadar en esas aguas, pero algo hay en esa época que no parece que sea muy transitada, la gente la elude y no lo entiendo muy bien”. Javier se sintió enseguida fascinado por esos años tras conocer a Rudi, un excombatiente de la II Guerra Mundial que le hizo pensar en qué ocurrió antes de la contienda. “Fueron años muy negros para todos, sobre todo en Alemania, donde el que en enero de 1923 tenía el dinero suficiente para comprar todo el territorio de Málaga, en diciembre de ese mismo año, sólo podía emplear sus miles de millones para comprar un bocadillo de sardinas”.









anakenobi dijo
hola!! tengo que salir ahora asi que tendré que leer el articulo que escribiste el lunes, me da rabia porque tengo curiosidad. ¿Quien sabe si dentro de poco escribiran articulos sobre ti?
Un besazo y gracias por los animos, es genial tenerte de vuelta.
El lunes te comento lo del articulo
Besos
30 Marzo 2007 | 11:07