Las musas de los Prerrafaelitas
"En las aguas profundas que acunan las estrellas,
blanca y cándida,
Ofelia flota como un gran lirio,
flota tan lentamente,
recostada en sus velos..."
(Rimbaud)
Ofelia de Arthur Hughes
Ha trascrito pompas recientemente un bello poema, que ha acompañado por una fotografía no menos hermosa que alude al tema de Ofelia. La Ofelia que imaginó Shakespeare y a quien el famoso dramaturgo inglés dotó del inmenso honor de ser el personaje trágico por excelencia. Os contaré un poco sobre Ofelia y sobre lo que su figura supuso para un grupito de pintores ingleses que se juntaron allá por el siglo XIX para hacer un tipo de pintura muy especial.
Empezaré por unas palabras que alguien le dedicó: “Es una estrella fugaz en el cielo de la tragedia. Apenas aparece, desaparece; brilla para desvanecerse. Son sus formas tan vagas, que nos parecen impalpables; es su influencia tan rápida, que nos parece nula. Y, sin embargo, no hay expresión de su rostro, palabra de sus labios, ademán de sus manos, quejido de su corazón, lamento de su alma, que no quede grabado en nuestro espíritu, que no guarde con cuidado el corazón, que no se complazca en representar la fantasía. Ha caído la estrella fugitiva, y aún divisan los ojos su estela luminosa”.
Ofelia, enamorada del príncipe Hamlet ha de dejar a quien ama porque unos chismes hacen mella en su padre, quien prohíbe tajantemente la relación de ambos. Esto ya sería, por sí sólo, argumento de una tragedia mayúscula, donde el amor se ve fracturado, vapuleado y burlado en aras de una burda mentira, tejida para separar a dos enamorados como son Hamlet y Ofelia. Pero es que, además, el destino cruel quiere que Hamlet de muerte por error a Polonio, padre de su amada, creyéndolo el traidor Claudio. La tragedia sigue con la venganza jurada de Alertes, hermano de Ofelia, quien jura dar muerte a Hamlet cosa que hace, recibiendo muerte, a su vez, de su adversario. Ofelia, con su cordura rota, se suicida ahogándose en el río.
Ofelia representa la inocencia y el sentimiento. La inocencia la obliga a seguir los dictados de su padre y de su hermano y el sentimiento logra volverla loca, ante lo que sólo le resta el suicidio. Este personaje, de escasas líneas en la obra, marca profundamente el texto en muchos sentidos, y su trascendencia es tal, que fue objeto de admiración y musa para toda una generación de pintores y artistas ingleses del siglo XIX: los Prerrafaelitas.
Los Prerrafaelitas o Hermandad de los Prerrafaelitas estuvo formada por un grupo de intelectuales que rechazaban el arte posterior a Rafael, por considerarlo sólo un mero perpetuador del estilo que se impuso tras la aparición del pintor. Ellos defendían una vuelta a la pintura anterior a este artista, para centrarse en temas más banales y menos místicos y religiosos abogando por un detallismo minucioso y al luminoso colorido de los primitivos italianos y flamencos, a quienes consideraban mucho más auténticos.
Es por ello que sus obras se dedican temas muchas veces oníricos, que vanas desde las mitologías (griega, romana, celta, escandinava…) a la exaltación de la mujer o los mitos literarios y de las leyendas medievales. Así, es fácil ver en sus obras bellas historias de Zeus y sus amantes, del rey Arturo y todo su universos, o de bellas heroínas de la literatura de todos los tiempos. En este sentido, tres mujeres marcaron la estela de los prerrafaelitas:
OFELIA. La Heroína trágica por excelencia. El personaje de Shaakespeare quitándose la vida fue retratado por algunos de los más insignes maestros del prerafaelismo, pero fue, sin duda la visión onírica y velada de John Everett Millais. “La infeliz y enigmática Ofelia shakespeariana, fuente inagotable de inspiración artística, literaria y filosófica, sedujo a Millais, quien forjó una reinterpretación pictórica realmente sobrecogedora. Si bien el tema central de la obra es el mito ofeliano, el melancólico escenario natural que lo enmarca es admirable. El entorno es frondoso y brillante en colorido, de suerte que no resulta opresivo a pesar de ser testigo de la tragedia”. (Beatriz Sánchez Artola). No hay que olvidarse de las hermosas Ofelias pintadas por Arthur Hughes y la que pintó el genial Waterhouse.
Ofelia de John Everett Millais
Ofelia de W.G. Simmonds
LA DAMA DE SHALOTT. También fue musa de más de un prerrafaelita esta mujer, hija del medievalismo fantástico y de las historias heroicas del rey Arturo y sus nobles caballeros. Su presencia dentro del círculo artúrico se la debemos a una su aparición en unos versos de Alfred Tennyson que dicen:
Y en la oscura extensión río abajo
-como un audaz vidente en trance,
contemplando su infortunio-
con turbado semblante
miró hacia Camelot.
Y al final del día
la amarra soltó, dejándose llevar;
la corriente lejos arrastró
a la Dama de Shalott.
Yaciendo, vestida con níveas telas
ondeando sueltas a los lados
-cayendo sobre ella las ligeras hojas-
a través de los susurros nocturnos
navegó río abajo hacia Camelot:
Y yendo su proa a la deriva
entre campos y colinas de sauces,
oyeron cantar su última canción,
a la Dama de Shalott.
Escucharon una tuna, lastimera, implorante,
tanto en voz alta voz como en voz baja,
hasta que su sangre se fue helando lentamente,
y sus ojos se oscurecieron por completo,
vueltos hacia las torres de Camelot;
Y es que antes de que fuera llevada por la corriente
hacia la primera casa junto a la orilla,
murió cantando su canción,
la Dama de Shalott.
Dama de William Holman Hunt
Entre quienes se sintieron fascinados por esta historia está, sobre todo John William Waterhouse, que la llegó a pintar en tres ocasiones, en los cuadros titulados: The Lady of Shalott" (1888), "Lady of Shalott. Looking for Lancelot"(1894), y "I am half sick of shadows, said the Lady of Shalott" (1915). La leyenda cuenta que la Dama de Shalott se llamaba Eliane y que tejía día y noche encerrada en una torre en la que estaba aislada del mundo. Una maldición le impedía mirar por la ventana y ver Camelot, así que ella lo veía todo a través de un espejo enfocado a la ventana y de todo aquello que veía, iba haciendo tapices de enorme belleza. Pero un día ve a Lanzarote y se enamora de él, mira por la ventana y la maldición cae sobre ella: el espejo se resquebraja, los tapices salen por al ventana y ella, asustada, toma un bote con dirección a Camelot, pero la maldición acaba con ella y es encontrada muerta en la barca, muy cerca de su destino. Otra heroína trágica para estos hombres de enorme sensibilidad. También fue pintada por William Holman Hunt, en un cuadro de enorme belleza (la escena onírica e irreal aquí es sublime), y por otros muchos.
The Lady of Shalott de John William Waterhouse
Lady of Shalott. Looking for Lancelot de J.W. Waterhouse
I am half sick of shadows, said the Lady of Shalott de J.W. Waterhouse
BEATRIZ. La musa de Dante en La Divina Comedia se convirtió para los prerrafaelitas en general y para Dante Gabriel Rossetti en particular, en un tema recurrente. Para Rossetti, la Dulce Beatriz, personificación de la fe en la inmortal obra de Dante Alighieri, tenía el rostro de Elizabeth Siddal, artista ella también y un miembro más de la Hermandad. Siddal, fue también la modelo de Millais para su Ofelia, y como Ofelia ella también se suicidó al dar a luz un hijo muerto, y su marido, enloquecido de igual manera, destruyó gran parte de su obra poética.
(Beatriz de Dante en previsión)















Peicha dijo
Wowwwww! mi niña, que peazo de artículo y que fotos.
19 Febrero 2007 | 10:56 AM