'El nombre que ahora digo' de Antonio Soler

Quizá conozcais a Antonio Soler porque es el autor de la novela en la que se basa la segunda película como director de Antonio Banderas. Antes de 'El Camino de los Ingleses', que así se llama esta obra, Soler nos deleitó con poesía pura al publicar 'El nombre que ahora digo', una lectura absolutamente recomendada, que sirve para concebir la guerra desde un punto de vista humano y del todo nublado por el amor. La prosa cálida y fluida del narrador, es interrumpida constantemente las entradas de un diario imaginario de un hombre maravilloso: Gustavo Sintora.
Os dejo una muestra de su belleza:
"Fui dejando atrás, a mi izquierda, todas las máquinas y en mis sienes me parecía oír el rumor de sus pedales, los ojos de las bombillas mirándome, apagadas, transparentes como mi respiración. Ella, de espaldas, llevaba el abrigo puesto, miraba unos recibos en el mostrador. Se volvió muy despacio, primero la cabeza, el cuello, la nuca. Luego los ojos. Luego el cuerpo, y los labios.
No había sorpresa en su mirada ni en la lentitud de sus movimientos. Estaba esperándome, me estaba esperando desde el día de los árboles y la lluvia. Negó debilmente con la cabeza e hizo un gesto de reproche, y aquel fuego que yo había sentido estremecerse en el interior de ella cuando un rato antes la había visto en el jardín asomaba a hora con su resplandor renovado, intenso, limpio, y a pesar de todo, su mirada también era triste y pedía que me fuera. Y sólo dijo, Tú, otra vez. Y en su voz no había odio, ni ira, sólo dulzera, no sé si conmiseración o súplica. Y me miró con la oscuridad de sus ojos, intentando ver lo que había detrás de los míos, preguntando o preguntándose.
Y también dijo, Ya te dije. Pero yo negué con la cabeza y ella dejó de hablar. Se dio la vuelta para recoger los papeles que había estado mirando e hizo un gesto apra retirarse de mi lado, de espaldas. Yo no supe si estaba moviéndome bajo el agua o en medio de un incendio, el oleaje del fuego, y di un paso y hundí mi cabeza en su melena, y ella, volviéndose, me empujó sin empujarme, las manos en mi pecho, primero querían apartarme y luego me agarraron la solapa, la camisa, apretando en un puñado la tela, y apenas vislumbré sus ojos cuando sentí la humedad de la su boca ne la mía, y mi mano, sin creer lo que sus dedos percibía, rodeaba sus cuerpo, la atraía hacía mí, Serena venía a mi boca y su piel estaba en mi piel. Ella apartó su cara de la mía y yo continué rodeándola con mis brazos y respirando su aliento. Sus dedos bajaron despacio por mi mejilla. Los ojos se le habían enturbiado, no eran lágrimas, era la respiración del fuego. Me apartó muy despacio, y empezó a andar por aquella bóveda de silencio. Salió hacia el jardín abandonado y yo me quedé en la oscuridad de las bombillas, con el silencio de las máquinas".
El nombre que ahora digo.
ANTONIO SOLER.
1999
Rosae dijo
M ha gustado... Yo ahora estoy con uno que se llama, "si el destino quiere"... quizás algún día quiera, lo que no sé es si yo seguiré presente...
Besos Lois!
28 Enero 2007 | 04:15 PM