Cada vez está más claro que ya han encontrado para nosotros ese bonito adjetivo que colocar junto a esa palabra que tan bien suena: Generación TAL. Nosotros, los que andamos entre los veinte y los treinta, los que vamos entre los de la Generación del BabyBoom y los de la Generación de la Videoconsola, somos los desarraigados, los que no nos sentimos ni de una ni de otra, ni tampoco de otros intentos generacionales tales como la X o la JASP... a nosotros nos llaman -últimamente- la Generación de los Mileuristas y razón no les falta a quienes nos aplican tal condición.

Llevar este apellido no sólo significa que nuestras nóminas apenas lleguen a esos raquíticos mil euros a los que alude el apodo, no, no es sólo eso y os lo explicaré de la mano de dos grandes escritores de la nueva narrativa española: Espido Freire y Juan Manuel de Prada. Como en esta comunidad ha estado bastante de moda el plagio esta semana, no voy a copiar a nadie, pero advierto que estas reflexiones son fruto de un artículo que Prada publicó el domingo en ElSemanaXL a propósito de la última obra de Freire, titulada, casualmente ‘Mileuristas’.

Espido Freire ha esbozado, en su condición de genial ensayista, una radiografía de la generación a la que ella pertenece (somos casi de la misma edad, así que me identifico plenamente con sus planteamientos, porque son los míos). Freire habla de los nuevos jóvenes, los que nadan entre los 20 y los 30 sin llegar a encontrarse. Jóvenes que están mejor formados que cualquier otra generación en la historia de este país, que adornan sus currículum con diplomaturas o licenciaturas, cuando menos, que suelen ser acompañadas de másters, doctorados y mil cursos de formación diferentes y que, sin embrago, tienen nóminas que no llegan a esa frontera moral de los 1000 euros. Y lo peor de todo, trabajan en puestos que no les satisfacen, con mínimas posibilidades reales de ascender y lograr metas promocionales dentro de las empresas. Los puestos de responsabilidad están ocupados por miembros de la generación anterior (los JASP, los yuppies o los X) y, dada la cercanía generacional, los seguirán ocupando hasta que nosotros rondemos los 55... para entonces, nuestra vida laboral estará casi extinta, con más ganas de acabar que de progresar.

Y en el medio, los problemas tales como el acceder a una vivienda con estos escasos capitales que suponen las retribuciones mileuristas: ¿qué hacer entonces? Sólo quejarse o protestar, pero eso tampoco está a nuestro alcance, ya que Freire nos pone delante de nuestras propias limitaciones: nos hemos criado en la comodidad del ‘nos lo han dado todo hecho’, unos padres sobreprotectores que nos han acomodado en el consumismo facilón, y que nos han hecho relajados y poco contestatarios, conformistas y con pocas ganas de rebelarnos, demasiado cómodos en esta situación ‘sostenible’ de momento...

En fin, si vosotros también os veis reflejados, os dejo el enlace al artículo original de Juan Manuel de Prada y os recomiendo que leáis a Espido Freire y os reconozcáis como me ha pasado a mí... da que pensar, ¿verdad?

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