La otra vida de Lois Lane http://loislane.lacoctelera.net 2011-07-26T10:05:38Z Joana Arteaga La lucha http://loislane.lacoctelera.net/post/2011/07/26/la-lucha 2011-07-26T10:05:38Z La otra vida de Lois Lane Relato escrito a raíz de cinco palabras sugeridas:  Luz, verde, reliquia, viaje, descubrimiento La lucha "Ir hacia la lu... <p>Relato escrito a raíz de cinco palabras sugeridas:</p> <p><strong> <span class="large"><em><span style="color: #cc33cc;">Luz, verde, reliquia, viaje, descubrimiento</span></em></span></strong></p> <p align="center"><strong class="large"><img class="imgizqda" src="http://www.bikerumor.com/wp-content/uploads/2009/09/pic-of-the-day-go-to-the-light-gomez.jpg" alt="" width="205" height="321" /><span class="xlarge">La lucha</span></strong></p> <p>"Ir hacia la<span style="color: #cc33cc;"> <strong>luz</strong></span>", así lo llaman cuando el cuerpo se convierte en un lastre en el paso a la otra vida, en el camino en el que el alma se eleva y deja el traje pesado, efímero, viejo de la carne humana.</p> <p>El día que cumplí veinticinco años yo caminé hacia la luz. A mi alrededor era todo dorado y blanco. La paz se instaló en mis pulmones, en mi corazón, en mi cabeza. Y yo me dejé llevar porque era todo demasiado fácil. Era sumamente sencillo caminar hacia ese resplandor cálido y brumoso que prometía descanso y cuya delicadeza se podía sentir como la brisa suave se siente en el rostro los días de primavera en la montaña. Todo mi ser quería caminar hacia ese resplandor suave que prometía envolverlo todo y calmar el dolor.</p> <p>El dolor era lo único que había existido hasta que apareció la promesa de la luz. El dolor estaba en todas partes, aunque era más intenso en la cabeza y en las piernas. No sentía mi cuerpo pero sí todo aquel dolor. Y dolía tanto y era algo tan absorbente y único, que todo se desdibujaba a mi alrededor como la acuarela se diluye en agua tibia.</p> <p>En algún momento oí voces cerca de mí. Creí entender mi nombre. Pensé que reconocía la voz que me llamaba, pero incluso concentrándome, sentía que mi cabeza estaba hecha pedazos, desunidos los vasos comunicantes que permitirían a mi conciencia reconocer nada más allá de aquel punzante dolor. Intenso como el sol en verano, frío como la nieve en una ventisca. Y entonces llegó la promesa que se envolvía en la luz.</p> <p>Mis recuerdos coherentes se detienen en el momento en el que el coche pasó veloz el semáforo como si estuviera <strong><span style="color: #cc33cc;">verde</span></strong> y me llevó por delante sin consideraciones. Recuerdo caer a cámara lenta. Recuerdo ver salir volando en sentido contrario mi motocicleta roja. Recuerdo pensar con pánico en una fracción de segundo que no estaba segura de llevar el casco bien abrochado. Recuerdo tener el asfalto a un milímetro de mi cara. Y luego nada.</p> <p>Después de aquel último recuerdo en mi mente se instalaron el dolor más intenso que hubiera padecido jamás y el calor de la luz sanadora que en mi mente se fue haciendo fuerte poco a poco, desplazando un sufrimiento creciente y abrasador por una calma pacificadora a la que quise abandonarme por completo.</p> <p>No recuerdo cuánto duró la lucha entre las tinieblas y la luz. No puedo ni siquiera establecer qué hubiera sido mejor: si dejarme llevar por la dulzura del resplandor o seguir aguantando la agonía de un dolor rojo, terrible, lacerante... ahora sé que el dolor significaba la vida. Ahora sé que la luz era el abandono placentero a los brazos de la muerte, emprender el <strong><span style="color: #cc33cc;">viaje</span></strong> sin retorno y sin esperanza... como la misma vida, lo que merece la pena no es fácil y causa dolor.</p> <p>Los recuerdos dejan de funcionar cuando estás sumida en un coma que consideran grave. De esos que dejan a tu familia temblando y preguntándose por qué, y a ti te sumen en una duermevela siniestra donde tú misma luchas contra tus propios deseos y en lugar de dejarte llevar tienes que aferrarte a algo, por más pequeño que sea, para saber a quién debes seguir, qué decisión tomar. Porque la vida es un hilo tan fino que supone todo un <strong><span style="color: #cc33cc;">descubrimiento</span></strong> saber qué camino tomar. Porque la vida se rodea de fragilidades y tú eres tan pequeña que no sabes a quién hacer caso.</p> <p>Y en esos momentos eternos, sin más pistas que algunos susurros que llegan lejanos pese a estar dichos con mucho cariño a tu lado, sin más aliento que el último, sin más argumentos que la placidez que emana de la luz y lo mucho que duele alejarse de ella... lo importante es sentir que eres más fuerte que la delicadeza y el calor. Y cuando, como una <strong><span style="color: #cc33cc;">reliquia</span>,</strong> te aferras a esa voz que cada vez susurra más fuerte, más cerca... "Lucha. Vuelve conmigo. Eres fuerte. Quédate en este lado. Abre los ojos", le haces caso y lo consigues... eso simplemente hace que la balanza se decante de tu lado y el destino te declare vencedora.</p> <p>Desperté tras seis días de coma profundo. El coche que me atropelló se había dado a la fuga y tardaron unos minutos valiosísimos en encontrarme y trasladarme a un hospital. Afortunadamente mi casco estaba bien colocado, aunque eso no evitó que el brutal golpe en la caída sobre mi cabeza, hiciera temer por mi vida y hasta por mis funciones motoras en caso de sobrevivir.</p> <p>Estoy bien. Lo logré sin mayores secuelas que una larga rehabilitación para volver a usar mis dos piernas rotas, partidas en pedazos a la altura de las rodillas. Pero algunas noches aún me despierta el recuerdo de un dolor absoluto y la certeza de lo fácil que hubiera sido tomar el camino brillante y cálido de la luz. Y abandonarse.</p> <p>Afortunadamente lo fácil nunca me ha convencido. Eso me salvó la vida.</p> <p><strong></strong></p> La Victoria http://loislane.lacoctelera.net/post/2011/07/01/la-victoria 2011-07-01T12:47:03Z La otra vida de Lois Lane Para Raúl. para París  LA VICTORIA Se despierta sobresaltada en mitad de la noche y durante un instante no sabe dónde s... <p class="aright"><strong><em>Para Raúl. para París</em></strong></p> <p class="aleft"><img class="imgdcha" src="http://3.bp.blogspot.com/_Arde6pO_h3s/S-aSNyyHDzI/AAAAAAAACJg/Myz4KwoHEFA/s320/victo.jpg" alt="" /> <strong class="xlarge">LA VICTORIA</strong></p> <p>Se despierta sobresaltada en mitad de la noche y durante un instante no sabe dónde se encuentra ni quién es la persona que duerme a su lado. Entonces lo recuerda todo y una amplia sonrisa se pinta en su cara. Piensa que si todo está escrito, si nada hay dejado al azar, el destino debe de estar carcajeándose ahora mismo de ella... la chica de la planificación y el terreno seguro, la que nunca había hecho nada ni dado grandes pasos hacia ninguna parte, la que no es espontánea ni sabe sacarle el jugo a la vida... si el destino la está viendo ahora, seguro que, al menos, una risa cómica se escapa de sus hipotéticos labios.</p> <p>Parece lejano el momento en el que atravesó las puertas del museo y se halló frente a la estatua alada, pese a que apenas han transcurrido unas horas desde aquella misma mañana. Había buscado a propósito y en primer lugar aquella obra, tras madrugar y acceder a un Louvre extrañamente desierto. ‘La Victoria de Samotracia' presidía una escalinata grandiosa, ocupando un espacio de preferencia en la estancia. La había situado como la primera visita de su agenda, como un punto de partida simbólico, un hilo del que empezar a tirar.</p> <p>Conocía la estatua de la imponente mujer incompleta desde sus días de estudiante, de verla primero en libros y luego, de estudiarla a fondo en sus clases de Arte en la universidad. Quizá porque ella también se llama Victoria, siempre había sentido que esa obra era especial y que algo las unía de algún modo.</p> <p>Lo extraño era que nunca antes la había visto con sus propios ojos. Ni esa, ni ninguna otra obra de las que ella había estudiado primero, y enseñado como profesora de arte después. Había hecho del arte su profesión, pero no se movió de su sitio. No viajó, no tuvo ningún romance, no avanzó en su vida ni quiso aventuras, y se conformó siempre con ir sobreviviendo, sin darse cuenta de que se iba haciendo cada vez más gris y pequeñita con el paso de los años. Y cuando los 33 se hicieron reales y ella hizo balance, se percató de que no había dado nunca ni un solo paso en ninguna dirección concreta en toda su vida.</p> <p>Empezó por darse cuenta de que sus ojos jamás se habían posado sobre ninguna de las obras de las que enseñaba y eso la llevó a las lágrimas. De ahí pasó a una reflexión más profunda sobre sus carencias vitales y emocionales y, luego, a la premura de ponerle remedio a todo ello.</p> <p>En su interior se hizo necesario un cambio. Quiso dejar de estar sola, de ser un personaje triste, de no tener mundo ni experiencias, y en apenas unos días había organizado un viaje por todos los lugares que siempre deseó visitar y nunca se atrevió a abordar sola. Ahora iba a hacerlo, sola, pero decidida. Hizo una pequeña maleta con lo indispensable, gestionó billetes y hoteles y una mañana soleada de marzo cogió el primer avión de su vida, con rumbo a París.</p> <p>Su primera parada fue el Louvre. Y dentro del museo, ir a ver a la diosa que llevaba su nombre, la Niké griega que tanto había significado para ella en todos esos años. El símbolo de su soledad, de sus carencias, de ese desgarrador sentimiento de estar incompleta. Y allí, parada de pie, con la estatua frente a ella, se desnudó emocionalmente y se reconoció como lo que era: una mujer sin propósitos ni sueños en la vida.</p> <p>-Es hermosa. Trágicamente hermosa- oyó entonces decir a su lado, en castellano, con un ligero acento eslavo.</p> <p>Se dio cuenta de que había un hombre a su lado que le hablaba a ella. A esas horas estaban solos en la escalinata y ‘La Victoria de Samotracia' no tenía su habitual círculo de curiosos rodeándola aún. Los madrugadores estaban centrados en correr a ver a la ‘Mona Lisa' o a la ‘Venus de Milo'. La imagen de la diosa Niké siempre se dejaba para después. El folleto del museo en castellano que llevaba en la mano le debía de haber dado la pista sobre su nacionalidad.</p> <p>-Se llama como yo- dijo ella tras un momento de vacilación por la intrusión del hombre en sus ensimismados pensamientos.</p> <p>Luego calló y le miró intensamente durante unos segundos que se hicieron eternos, deteniéndose en su mirada gris y serena. Volvió luego a posar su atención sobre la estatua. Parecía dispuesta a atesorar en su mente todas las arrugas de la gasa de piedra que recubría el cuerpo de la mujer alada, mientras sentía su soledad inmensa y sus ojos comenzaban a inundarse con timidez de lágrimas pequeñitas.</p> <p>-y me siento igual que ella.</p> <p>No supo porqué había compartido aquello con el extraño, en un susurro ahogado, aunque se sintió reconfortada al hacerlo. Entonces él hizo algo que la dejó paralizada. La hizo girarse lentamente y le pasó los dedos por las lágrimas que empezaban a resbalar por sus pálidas mejillas. Ella lo dejó hacer, entre contrariada y asustada, inundando sus pensamientos con una calidez desconocida hasta la fecha, abrumadora y excitante. Se sintió viva por primera vez en sus 33 años de vida.</p> <p>-Soy Luka- dijo él -y asumo que tú eres Victoria.</p> <p>Aún no cree lo rápido que había ido todo. Lo a gusto que se había sentido con Luka desde el momento en que él tocó su cara con las yemas de sus dedos y la hizo sentirse segura. El modo en que él la arrastró fuera del museo y la llevó a conocer los rincones de la ciudad mientras le hablaba de viajes, comidas, anécdotas y de música... Luka era músico, sin domicilio fijo, hábil con todos los instrumentos -aunque prefería el piano-, artista de mil facetas, con conciertos a sus espaldas en escenarios de todo el mundo.</p> <p>Y Luka, un alma libre y vivida, que podía tener todo lo que quisiera en el mundo, la había elegido a ella para aprovechar sus pocas horas en París. Para redescubrir una ciudad que nunca pensó en volver a pisar, porque allí le había dejado plantado una mujer a la que había querido y despertaba malos recuerdos en su memoria.</p> <p>-Me dejó donde te he encontrado a ti. Y lloré como tú. Y deseé que alguien calmara mi llanto, limpiara mis lágrimas y me sacara de allí.</p> <p>-¿Y por qué has vuelto al mismo lugar donde fuiste tan infeliz?- preguntó ella sin entender muy bien que alguien pudiera aferrarse a los recuerdos dolorosos de esa manera, cuando ella siempre había preferido evitar las confrontaciones.</p> <p>-Porque siempre me gustó esa estatua de mujer sin cabeza y no quise que el recuerdo de una mujer sin corazón me la estropeara. Porque algo bueno tenía que obtener de enfrentarme a los escenarios donde he sido desdichado y porque esta mañana me he despertado sobresaltado por el timbre del teléfono en mi habitación de hotel, avisándome de que mi entrada para el Louvre, que yo no había pedido, estaba en recepción. Habían confundido el número de habitación, pero de pronto no quise sacar al recepcionista de su error y me vestí a toda prisa para recoger la entrada y correr hasta el museo.</p> <p>El día era espléndido y la compañía de Luka, lo más enriquecedor que ella había conocido en toda su vida. Le contó sus días tristes como profesora y sus ganas de sacudirse el yugo de la mediocridad que la empezó a ahogar una mañana cualquiera, sin previo aviso, y que la obligó a dejarlo todo para buscarse una vida de verdad, de la que luego estar orgullosa o arrepentirse, pero una vida que pudiera saborear y sentir suya. Él, por su lado, le contó su amor por la música, heredada de generaciones de virtuosos y grandes figuras en su Sarajevo natal. Le contó cómo debió dejar la ciudad cuando la guerra le alcanzó, aunque no antes de que el conservatorio cerrara sus puertas por los excesos bélicos y le obligara a trasladarse a Berlín para acabar de madurar y convertirse en alguien que deseaba volar a todas partes y llevar por un mundo que no acababa de comprender su pasión por las melodías que componía, dedicadas a los que dejó atrás y al país que tanto amaba y que se desintegraba poco a poco.</p> <p>Y cuando ya eran íntimos y se sabían uno del otro, la llevó a comer a un pequeño <em>bistrot</em> alejado del centro, donde probaron sabores de la cocina más tradicional del país, y luego la condujo a un café populoso, donde la hizo sentarse en su regazo frente a un elegante piano de cola, y tocó para ella con sus dedos entrelazados. La hizo reír, la cubrió de flores al borde de las Tullerías y la subió en brazos a lo alto de la Torre Eiffel, donde la besó por primera vez mientras el sol reflejaba la emoción de sus ojos enamorados. Y cuando el día declinaba y la alegría había prendido en el pecho de la mujer como una llama viva, roja y ardiente, la llevó de nuevo al Louvre, frente a la estatua y allí, con un anillo hecho de alambre, pronunció votos de amor eterno que obtuvo, a su vez, de ella, toda lágrimas de alegría y sonrisas. Les hablaba el corazón.</p> <p>Y así, casados ante ‘La Victoria de Samotracia', que convino en ser su único testigo, se fueron cogidos de la mano hasta la habitación de un hotel donde él la despojó de ropa y tristezas pasadas y la encendió en llamas.</p> <p>Ahora ella se pregunta sobre las jugadas del destino, mientras acaricia en las sombras la suave piel de los brazos que la rodean amorosamente. Y se regocija ante el error del recepcionista por la entrada equivocada que le había ofrecido a Luka y por la prisa apremiante que él sintió por visitar el lugar de su antigua derrota amorosa.</p> <p>-Yo también me he sentido como la misteriosa y descabezada Niké. Siempre. Alado e incompleto. Sin rumbo, sin mapa, pese a tener las armas para comerme el mundo. Ahora tú eres mi cabeza... eres mi guía- le había susurrado él antes de caer dormido a su lado, pegando su cuerpo al suyo.</p> <p class="aleft">Y ella, que no sabía lo que era vivir hasta ese momento y que siempre se movió cómoda en un mundo gris y plano, supo al instante que él era su victoria y su regalo, su cabeza, sus alas y su vida entera.</p> Angélica http://loislane.lacoctelera.net/post/2011/06/01/angelica 2011-06-01T12:11:58Z La otra vida de Lois Lane Angélica no suele dormir mucho. Le pasa desde siempre y desde siempre ha sabido muy bien en qué emplear sus horas de inso... <p class="acenter"><img src="http://kjcornell.files.wordpress.com/2009/11/2501495859_f1cedf9c40.jpg" alt="" width="430" height="293" /></p> <p>Angélica no suele dormir mucho. Le pasa desde siempre y desde siempre ha sabido muy bien en qué emplear sus horas de insomnio.</p> <p>De pequeña le gustaba usar el tiempo en que los demás dormían para dibujar, sobre todo a sus hermanos. Se le daba bien y sabía captar los matices de cada uno con trazos precisos y cargados de un talento que no supo explotar del todo con el paso de los años. Reproducía con maestría la soberbia de Marco, la ingenuidad de Pablo y los sutiles matices que diferenciaban los rostros casi idénticos de Mercedes y Cecilia. A ellas las pintaba siempre juntas y sonrientes, como las recordaba de sus primeros años. Luego, cuando Cecilia se fue, seguía dibujando sus caras sonrientes, pese a que llegó un momento en que se fue olvidando de las pequeñas diferencias de ambas y siempre pintaba a Mercedes repetida y falsamente alegre, porque desde que le faltó Cecilia, Mercedes ya no supo reproducir esa alegría en su carita de niña dulce con la que las gemelas habían nacido.</p> <p>A su padre le pintaba poco, le daba miedo incluso de pequeña. Alguna vez lo intentó pero sin mucho acierto y siempre le temblaba la mano al intentar copiar en el papel sus labios firmes y severos que nunca sonreían o sus ojos claros y fríos, que la miraban como si fuera un insecto. Al pintar a Marco algo de su padre se grababa en su hermano, cada día más parecidos, y con eso se iba conformando la Angélica de ocho años que apenas podía dormir.</p> <p>A los trece años le dio por matar las horas de sueño escribiendo, aunque nunca se le dio tan bien como luego demostraría Pablo. Escribía historias felices de familias normales donde había un padre y una sola madre, y no tres ausentes y una postiza, y los niños no se morían a los cinco años. Escribía sobre padres generosos y amantes, que sacaban a sus hijos de paseo los domingos y les comparaban chucherías y les reían las gracias. Y Angélica se reflejaba a sí misma en brazos de un padre jovial y despreocupado y de una madre amable y atenta que le hacía sus platos favoritos y le preguntaba qué tal le había ido en el colegio. Y describía hermanos que se querían entre ellos y no estaban distanciados por una brecha de orgullo y odio insalvable, incluso con tan pocos años como los que Pablo y Marco tenían entonces.</p> <p>Sus historias de familias felices acabaron en la basura cuando, a los quince años, se enamoró de Martín y empezó a escribir sobre la vida real en un diario de tapas rojas que guardaba en un estante escondido de su armario. Conocía a Martín desde siempre, pero una mañana de marzo muy ventosa, cuando salían del instituto, él corrió detrás del gorro de lana que se escapó de su cabeza por efecto de los vientos huracanados que sacudían la ciudad y al devolvérselo la sonrió como si la viera por primera vez. Y entonces ya sólo existió Martín, aunque en silencio y compartido, porque a la vez Mercedes y Pablo también vieron al mismo chico al que conocían de toda la vida y también se enamoraron de él y otra tragedia empezó a sobrevolarles cuando aún no habían olvidado a las madres ausentes y la muerte de Cecilia.</p> <p>A los 18, aún enamorada pero con la certeza de no ser correspondida jamás, cambió su diario por los estudios y empezó Medicina con muchas ganas y con la seguridad de que en aquello iba a ser buena, iba a destacar y, sobre todo, a sentirse a gusto y correspondida por primera vez en su vida. Y así, mientras Marco se iba distanciando de todos y pareciéndose más a su padre, Mercedes se instalaba cómodamente en el rincón del salón, sentada al piano y Pablo disfrutaba de Martín porque fue él quien se lo llevó finalmente de los tres, Angélica se agazapó en la sombra, y empezó a querer hacerse invisible mientras aprobaba asignaturas y cursos y mataba sus horas de insomnio con términos médicos y libros gigantescos que la apartaban cada vez más de la realidad.</p> <p>Una realidad que había sido casi normal en los años del instituto, cuando sus hermanos y ella se disputaban cordialmente la atención de Martín y los cuatro tomaban chocolate con churros en una cafetería del centro que pronto convirtieron en refugio en sus batallas adolescentes. Una realidad que se fue fundiendo a negro poco a poco cuando su padre no la dejó irse a estudiar un año al extranjero, cuando perdieron a Martín en un suspiro, cuando Pablo y Marco casi se matan uno a otro y cuando tuvieron que internar a Mercedes que, de pronto, se rompió como una muñeca de porcelana.</p> <p>Con la licenciatura bajo el brazo y con el control de su padre sobre ella más férreo que nunca, convencido ya de que Angélica era a la única de sus hijos que siempre había podido controlar con facilidad, Fabio le volvió a negar la huída del nido cuando ella quería volar en solitario y acabar de descubrirse. Sin el cobijo de los estudios regulares de la facultad y con el insomnio aún abrasándole el alma noche tras noche, Angélica se decidió a seguir formándose y entró a formar parte del equipo de un minucioso investigador oncológico y allí, por primera vez, se sintió en casa.</p> <p>Y fue esa la única época feliz de su vida, cuando creyó que era válida por sí misma y nadie la juzgaba. Cuando se miraba en el espejo y no deseaba para sí el carisma de Marco, la belleza de Pablo o el talento artístico de Mercedes. Cuando ella fue importante y le gustaba en quién se había convertido. Cuando tuvo cerca a Luka y el mundo era una explosión de colores y ni las miserias pasadas le podían hacer perder la capacidad de soñar con escapar de su padre y ser libre de sus amarguras.</p> <p>Incluso llegó a conciliar un sueño plácido y regular en el breve periodo de libertad que supuso su marcha a Budapest después de batallar con un intransigente Fabio, que tuvo que morderse los labios de rabia cuando su hija le anuncio sin reservas que se iba a Hungría a tomar posesión de una vacante en un hospital del Pest por espacio de seis meses, donde podría seguir sus estudios sobre células cancerígenas y donde (esto no se lo dijo a su padre), podría estar con Luka sin que él se entrometiera.</p> <p>Pero hace ya un siglo que volvió de Hungría o al menos ella lo siente así. Hace un siglo que vuelve a dormir poco y mal, que se despierta en la oscuridad de la noche y sólo piensa en cómo rellenar los huecos. A veces se despierta con un terrible dolor de cabeza que sólo se va si deja caer sobre ella el agua tibia de la ducha o si logra conjurar a sus demonios particulares para que la dejen en paz. Lo del dolor de cabeza es nuevo, eso se lo trajo de Budapest y del recuerdo de Luka que tiene grabado dentro. Ahora cuando se desvela sueña despierta con la niña que ha crecido temiendo a su padre, sintiéndose culpable por querer irse de su lado, mientras el dolor de no haber vivido del todo la empapa y, de nuevo, como una pescadilla que se muerde la cola, la impide dormir y soñar dormida con lo que de verdad quisiera hacer con su vida.</p> <p>Y piensa que todo puede ir a peor, y si no, mira a la pobre Mercedes, llorando al amor de su vida que no se negó a luchar por ella, sino que se ha muerto, sin ninguna posibilidad de volver y hacerla sonreír de nuevo. Y con lo que le costó a Mercedes volver a sonreír y volver a querer estar viva... sí, todo puede ir a peor, por desgracia, puede ocurrir.</p> No entres dócilmente... http://loislane.lacoctelera.net/post/2011/05/17/no-entres-docilmente 2011-05-17T09:50:49Z La otra vida de Lois Lane Do not go gentle into that good night Dylan Thomas   Do not go gentle into that good night,Old age should burn and rave... <p class="acenter"><strong class="large">Do not go gentle into that good night</strong></p> <p class="acenter"><strong class="large">Dylan Thomas</strong></p> <p><img class="imgcen" src="http://1.bp.blogspot.com/_MKca_qMg2SM/TLTOhktQAdI/AAAAAAAAAE4/M0tn1beuYnw/s1600/do-not-go-gentle-into.jpg" alt="" /></p> <p> </p> <p class="aleft">Do not go gentle into that good night,<br />Old age should burn and rave at close of day;<br />Rage, rage against the dying of the light.</p> <p>Though wise men at their end know dark is right,<br />Because their words had forked no lightning they<br />Do not go gentle into that good night.</p> <p>Good men, the last wave by, crying how bright<br />Their frail deeds might have danced in a green bay,<br />Rage, rage against the dying of the light.</p> <p>Wild men who caught and sang the sun in flight,<br />And learn, too late, they grieved it on its way,<br />Do not go gentle into that good night.</p> <p>Grave men, near death, who see with blinding sight<br />Blind eyes could blaze like meteors and be gay,<br />Rage, rage against the dying of the light.</p> <p>And you, my father, there on the sad height,<br />Curse, bless, me now with your fierce tears, I pray.<br />Do not go gentle into that good night.<br />Rage, rage against the dying of the light.</p> <p>*****</p> <p>No entres dócilmente en esa noche quieta.<br />La vejez debería delirar y arder cuando se cierra el día;<br />Rabia, rabia, contra la agonía de la luz.</p> <p>Aunque los sabios al morir entiendan que la tiniebla es justa,<br />porque sus palabras no ensartaron relámpagos<br />no entran dócilmente en esa noche quieta.</p> <p>Los buenos, que tras la última inquietud lloran por ese brillo<br />con que sus actos frágiles pudieron danzar en una bahía verde<br />rabian, rabian contra la agonía de la luz.</p> <p>Los locos que atraparon y cantaron al sol en su carrera<br />y aprenden, ya muy tarde, que llenaron de pena su camino<br />no entran dócilmente en esa noche quieta.</p> <p>Los solemnes, cercanos a la muerte, que ven con mirada deslumbrante<br />cuánto los ojos ciegos pudieron alegrarse y arder como meteoros<br />rabian, rabian contra la agonía de la luz.</p> <p>Y tú mi padre, allí, en tu triste apogeo<br />maldice, bendice, que yo ahora imploro con la vehemencia de tus lágrimas.<br />No entres dócilmente en esa noche quieta.<br />Rabia, rabia contra la agonía de la luz.</p> <p class="aleft"> </p> <p class="aleft">HERMOSO, TRISTE, INCITANTE... LUCHA!!!!!</p> <p class="aleft"><strong>Rage, rage against the dying of the light</strong></p> <p> </p> Destino sellado http://loislane.lacoctelera.net/post/2009/01/14/destino-sellado 2009-01-14T18:02:59Z La otra vida de Lois Lane –Pasamos tres días y tres noches sin salir de casa, sin dejar de amarnos, como intentando recuperar todas las horas que h... <p> –Pasamos tres días y tres noches sin salir de casa, sin dejar de amarnos, como intentando recuperar todas las horas que habíamos perdido en esos diez días de distancia. Todo era luz, color, fuegos de artificio en mi corazón, que volvía a latir con a fuerza de una juventud que yo había sepultado entre libros, evasiones y escondites. Lía era un flor en mis manos y yo un juguete en las suyas… y fuimos felices. Fugazmente felices. Dios… qué tres días más perfectos me regaló la vida…</p> <p>“La mañana del cuarto día me desperté temprano y decidí salir a comprar algo que rellenara la nevera. Lía se revolvió en la cama y abrió tímidamente sus ojos. Me miró con ternura y me preguntó en un susurro si podía usar mi teléfono para llamar a su hija. La mención de la niña rompió, de algún modo, el hechizo que nos había mantenido despistados y como amnésicos durante los días anteriores. Nos miramos serios hasta que ella rehuyó mi mirada y entonces volví a pensar con la claridad que, quizá, no debería haber ignorado.</p> <p>“Sus ojos contenían tanta insatisfacción que comprendí, de pronto, que aquello había sido un espejismo, una imposible y quimérica realidad en la que nos habíamos refugiado sin pararnos a pensarlo. Sí, nos queríamos, pero ella no estaba sola y su equipaje lastraba demasiado nuestra hipotética relación, fuese la que fuese. Su niña era su vida, el recuerdo de su hijo muerto la tenía medio poseída y, pese a todo, amaba a ese marido sumido en depresiones y en perpetua baja laboral por el abuso al que sus desalmados alumnos le tenían condenado. No era una vida de cuento de hadas, pero al menos tenía un sentido… la nuestra, nuestra vida en común, no era más que una evasión.</p> <p>“Le dije que, por supuesto, podía usar el teléfono y me marché. Bajé al bar de la esquina y me ensimismé en todo mi dolor mientras frente a mí se enfriaba un café con leche y dos porras rancias. Ella me quería pero no podía dejar atrás su vida así como así, desentendiéndose de sus obligaciones de mujer casada. Tampoco podía volver al pueblo y borrar de su memoria esos tres días o los anteriores, junto a la puerta del cementerio. La suya era una situación difícil y sin ninguna solución, porque hiciera lo que hiciera, no iba a conseguir encajar en ninguna parte.</p> <p>“Estaba ensimismado en comprender el laberinto que todo ello suponía para Lía cuando en mi mesa se sentó un hombre que jamás había visto en mi vida. Era negro, enorme, con los ojos verdes tan brillantes que parecían esmeraldas pulidas, un traje de corte exquisito y un olor dulzón y almizclado que, a esas horas y con el estómago vacío, casi me hizo vomitar. Me sonrió mostrando dos hileras de dientes blanquísimos y su rostro dejó de ser imponente para hacerse casi el de un amigo. En seguida me dio seguridad estar a su lado, como si le conociera de antes, como si supiera que él estaba allí para hacerme un favor de amigo.</p> <p>“Sólo abrió la boca para decirme que podía hacer que mi dolor se fuera, que sólo tenía que pedir y obtendría el anhelo más ardiente de mi corazón. Y, a cambio, sólo debería darle mi alma tras diez años gozando de los placeres que pudieran ocasionarse de mi petición. Pese a lo absurdo del cuadro, te puedo asegurar que supe que decía la verdad y que en ningún momento tuve miedo. Más bien le agradecí a quién fuera su intervención, porque no podía imaginar solución más factible al problema que tenía entre manos.</p> <p>“Le miré tranquilo. Pensé un segundo en las opciones y decidí, casi al instante, lo que iba a hacer. No sabía que entonces empezaba a morirme. Que firmaba mi sentencia de muerte porque aunque mi hora llegue el domingo que viene, llevo muerto casi diez años. Eso lo tengo muy claro.</p> <p>“Quiero que ella vuelva a su casa y halle la felicidad con lo que allí tiene. Que aquello sea suficiente, que no se arrepienta jamás de quedarse allí. Que no se mortifique por dejarme. Por favor… le dije.</p> <p>“Me levanté de la mesa y él me imitó. Me tendió una mano firme que yo estreché sin tiempo para echarme atrás. Mi destino quedó sellado en apenas dos minutos. </p> <p>“Volví a casa sabiendo que ella ya no iba a estar ni en mi cama ni en mi vida. Me recosté en al cama que habíamos compartido y me empapé de su olor, intentando clavarlo a fuego en mi memoria, para que me durara los diez años que me quedaban por delante, para ayudarme a soportar el dolor de pensar que ella iba a ir convirtiéndose, poco a poco, en un recuerdo: el único recuerdo de una vida de verdad.</p> <p>“No volví a verla en dos años. Volví por el pueblo a terminar de arreglar la venta de la casa de mi abuela y la vi de lejos. La espié un par de horas mientras comprobaba que no estaba mal, que se había borrado de sus ojos ese lamento mudo que se los velaba en la época en la que la conocí y la amé y volví a Madrid feliz y derrotado al mismo tiempo.</p> <p>“Desde entonces he tratado de comprender de qué me ha servido todo esto del Pacto que suscribí aquella mañana en una cafetería de mala muerte del centro de Madrid, con un tipo enorme y bien vestido que deseaba mi alma al cabo de una década. He buscado, he tratado de encontrar respuestas y me he desesperado… pero ahora sé que todo eso fue una pérdida de tiempo, porque a parte de encontrarte a ti, no hay ni un solo hilo del que tirar. Y por más que pienso, no logro concebir que nada bueno me vaya a pasar cuando llegue el domingo y ese tipo reclame lo que es suyo… por eso, por eso estoy aquí, sintiendo el contacto de otro ser humano por última vez, diciendo adiós y sabiendo que agoté todas mis opciones. </p> Pero... http://loislane.lacoctelera.net/post/2009/01/07/pero 2009-01-07T10:41:02Z La otra vida de Lois Lane Krysta percibía la emoción que iba embargando poco a poco el relato de Peio. “Ella fue a buscarle –pensó– , le encon... <p>Krysta percibía la emoción que iba embargando poco a poco el relato de Peio. “Ella fue a buscarle –pensó– , le encontró. La historia pudo haber acabado bien…” Pero algo se había torcido, algo había salido mal y la muchacha, aún acurrucada junto al hombre, aún asombrada por la apertura de aquel extraño para con ella, se estremeció al pensar en cómo la vida se encarga de acabar con toda la esperanza que el amor nos concede.</p> <p>–La abracé con fuerza cuando me recuperé de la impresión de verla allí, junto a mí, después de haberla dado por perdida, de haberla llorado, de haberla idealizado y haberla subido al pedestal de mis anhelos. Lía estaba de nuevo junto a mí, me había elegido y nada podía hacerme más feliz que su sola presencia encajonada en el hueco de mis brazos, su corazón latiendo cerca el mío, su calor templando mis propios huesos…</p> <p>Peio volvió a callar. Una lágrima solitaria siguió el mismo curso que otra había tomado apenas unos minutos antes y Krysta, siguiendo un impulso dictado por la ternura que ese hombre le suscitaba entonces, se la borró con un dulce beso en la mejilla. Le abrazó fuerte, le intentó dar ánimos, le susurró palabras de aliento en sus oídos y se quedó allí, en sus confortables brazos, en espera de que el hombre retomara el hilo de sus pensamientos. </p> <p>–Pero…</p> <p>“Pero…”, siempre había un pero, siempre pese a todo. La historia no iba a acabar bien, bastaba ver a Peio para saberlo. Krysta se incorporó ligeramente, le tomó del mentón y le miró a los ojos con la seriedad de sus derrotas refulgiendo ávidamente. </p> <p>–El Pacto.</p> <p>Las palabras parecieron puñales para Peio, que las desechó con el dolor del golpe haciéndose real en cada punto de su cuerpo.</p> <p>–El Pacto…– susurró con la voz rota. </p> Nunca antes tanta tristeza... http://loislane.lacoctelera.net/post/2008/12/30/nunca-antes-tanta-tristeza 2008-12-30T10:33:03Z La otra vida de Lois Lane Peio cerró sus ojos, manteniendo a salvo el recuerdo de Lía, caliente en sus entrañas, ardiendo en su corazón. La quiso ... <p> Peio cerró sus ojos, manteniendo a salvo el recuerdo de Lía, caliente en sus entrañas, ardiendo en su corazón. La quiso casi desde el principio, por eso de reconocer en sus ojos la mirada de un igual, de aquella que había nacido para completarle. No podía explicar objetivamente la sensación de comodidad, de sentirse en casa, que experimentaba estando con ella, pero sabía que era real, que por ella había estado vagando 35 años sintiéndose extraño en todas partes.</p> <p>Sintió la tímida mano de Krysta rodeando sus hombros, dándole el consuelo que sabía que ya jamás encontraría en otros brazos. Sintió la compasión de la muchacha rezumando en su leve contacto y se propuso recomponerse. Debía acabar su historia.</p> <p>–Un par de semanas después de que nos conociéramos, y ya cercanos como amigos del alma, como si siempre hubiéramos estado juntos, mis ideas no podían ser más claras y más confusas a la vez. La quería, la deseaba, pero sobre todo, la respetaba por todo lo que ella era. tenía claro que la amaba, pero no tenía ni idea de lo que hacer con tales sentimientos. No era fácil, no lo fue nunca. En casa tenía una vida y yo no podía ofrecerle nada salvo comprensión, reconocimiento y mucho amor, todo el que nunca antes había entregado a nadie.</p> <p>“Una tarde especialmente fría en la que me encontraba en mi hotel, pensando en mis opciones para con ella, saboreando los momentos que aquella misma mañana habíamos compartido en la puerta del cementerio, unos pasos vacilantes se detuvieron ante mi puerta. Supe que era ella al instante, presintiendo su desbocado corazón a través de la fina capa de madera que nos separaba. Abrí antes de que ella llamara, antes de que se atreviera, porque se lo estaba pensando, librando en su interior una terrible batalla entre el deber y el querer. Me miró un instante, los ojos tristes, y luego, sin titubear, se echó en mis brazos y comenzó a llorar mientras me besaba y me decía que no podía evitar el estar conmigo.</p> <p>“Ninguno de los dos había sido nunca más feliz que en aquellas dos horas que estuvimos juntos. Ninguno de los dos sintió tanta devastación interior, tanta tristeza, tanta melancolía por lo que probablemente nunca sería. Lía no dejó de llorar en toda la tarde, pero a la vez se entregó como nunca lo había hecho, se dejó amar con toda mi desesperación y ella, atormentada por los remordimientos, quiso olvidarse de todo entregando su alma por unos instantes, en un intento desesperado por matar su dolor.</p> <p>“Cuando se fue, cuando el hueco que había ocupado en mi cama empezó a perder su calor, fui yo el que comenzó a llorar. Fui yo el que entonces comprendió el dolor que su alma sentía, su doble traición, su incapacidad para elegir, para firmar un compromiso con ninguna de sus dos opciones. Mi corazón la amaba con toda su fuerza, pero tampoco me veía capaz de hallar una solución y mucho menos después de haber estado en sus brazos o haber comprobado la desolación que aquello le producía. </p> <p>“De pronto sentí al urgencia de verla de nuevo y aquello me devolvió un poco la cordura. No podía hacerle eso, no podía obligarla a elegir ni arrancarla de su hogar. Me vestí en un ataque de lucidez, hice mi maleta a toda prisa y tomé la carretera que me devolvía a Madrid. Abandoné mi sueño, abandoné toda esperanza de tener un futuro para evitar que ella fuera infeliz a mi lado, echando en falta una parte de su vida que yo jamás podría suplir. Nunca, en toda mi existencia, había experimentado un dolor tan lacerante como el que me acompañó en aquel viaje de vuelta al infierno monótono de una vida sin ella. Nunca había sentido cómo se me desgarraba el corazón, cómo tiraba dentro de mí, cómo me pedía con gritos sordos y angustiosos que regresara a por ella.</p> <p>“Pero no lo hice. Me mantuve fuerte por lo mucho que la quería. Volví al trabajo, volví a sumergirme en una rutina gris y hermética que me salvaba de volverme loco y que, en cierto modo, me transformaba en un ser que no se permitía ni pensar ni sentir. Ella sólo estaba conmigo por las noches, su recuerdo era mi compañero al acostarme, el olor de su piel, el tacto de sus labios… todo eso era mi refugio nocturno, pero sólo durante las horas de vigilia. Era todo lo que le concedía.</p> <p>“Diez días después de abandonar el hotel y volver a Madrid me la encontré en el rellano de mi casa al regresar del trabajo. Me quedé paralizado y por un instante no moví ni un solo músculo, conmocionado como estaba por el hecho de volverla a ver en carne y hueso, más allá de las noches eternas que consagraba a soñarla. </p> <p>“Había venido a buscarme. </p> Demasiado tarde http://loislane.lacoctelera.net/post/2008/12/26/demasiado-tarde 2008-12-26T09:41:10Z La otra vida de Lois Lane Krysta comprendió de pronto la tragedia que Peio intentaba contarle, comprendió que aquel hombre había sido feliz (muy fel... <p>Krysta comprendió de pronto la tragedia que Peio intentaba contarle, comprendió que aquel hombre había sido feliz (muy feliz) apenas unos días, todos ellos antes de suscribir aquel maldito Pacto. En cuanto a ella, por desgracia, la única felicidad que había conocido era esa que se disfruta con los pocos años, cuando incluso las desgracias y las carencias se ven minimizadas porque son vistas a través de ojos aún inocentes. La ignorancia la había convertido en una niña feliz y feliz había sido hasta que empezó a ser consciente de que la vida no era el mundo ideal que ella había dibujado a su alrededor.</p> <p>Peio no estaba disfrutando en absoluto al hacerle partícipe de su historia, pero ambos entendían que se hacía necesario explicar el porqué de su presencia allí, de su camaradería recién descubierta, de los muchos lazos invisibles que, pese a las distancias en todos los aspectos, los habían reunido allí a apenas una semana del final del hombre.</p> <p>Él necesitaba escribir el capítulo final de su vida, darle sentido a una muerte absurda, compartir sentimientos y experiencias, darle la mano a una personas que podría necesitar ese gesto en el futuro. Ella necesitaba ser instruida, convencerse de que el tiempo que aún le quedaba podía merecer la pena, encontrar algo por lo que luchar. </p> <p>Pero Krysta ya estaba convencida de sus opciones. Y era muy consciente de muchas cosas acerca de sus fracasos, pero sobre todo, sabía que si en tres años no había conseguido convertirse en alguien mejor, en alguien distinto a la muchacha que fue, ya no había manera de conseguirlo, porque la ciénaga que la engullía estaba muy llena ya de deshechos, y ella ya no tenía fuerzas para salir de allí. Quizá lo hubiera podido conseguir de haber seguido caminos más juiciosos, o tal vez si su deseo hubiera sido otro. Pero deseo algo que podía interpretarse de muchas maneras y, por desgracia, la interpretación que a ella le había tocado fue la peor de todas.</p> <p>Peio cerró los ojos, saboreando aquel enamoramiento fugaz, lo más importante de su vida gris. Y Krysta supo entonces que estaba ante un hombre excepcional que, como todo, llegaba tarde a su vida. Demasiado tarde. </p> Ella... http://loislane.lacoctelera.net/post/2008/12/23/ella 2008-12-23T11:13:21Z La otra vida de Lois Lane –La vi… la vi y desde el primer instante supe que ella era quien podría completarme. Estaba llorando en silencio, en... <p> –La vi… la vi y desde el primer instante supe que ella era quien podría completarme. Estaba llorando en silencio, envuelta en un abrigo de lana marrón varias tallas más grande y con la derrota escrita en los ojos. Era hermosa pese a las lágrimas, o tal vez gracias a ellas. Sus labios estaban torcidos en una mueca de dolor infinito y sus hombros hundidos, como si soportaran todo el peso del mundo.</p> <p>“La observé desde la distancia, desde la lejanía y el anonimato que ofrecen los desconocidos, y ella ni siquiera se percató de mi presencia durante todo el tiempo que estuve allí. Al cabo de unos minutos creí que debía dejarla sola con su dolor, sola frente a una tumba escarbada en la tierra, sin lápida, con una cruz forjada señalándola y que de pronto me parecía muy pequeña. Y me alejé hasta la puerta, donde me entretuve esperando a que ella abandonara su velatorio y saliera del cementerio. Tras media hora la vi venir hacia la puerta y entonces ella pasó a mi lado, se detuvo, alzó sus ojos enrojecidos por el llanto, pero secos ahora, y me miró.</p> <p>“Me miró y debió de encontrar algo dentro de mí igual a lo que yo había encontrado en su figura quieta junto a la pequeña tumba. Me miró largo rato, en silencio, sin hacer ningún movimiento salvo un leve parpadeo, y luego pintó su rostro con una sonrisa, la más triste que he contemplado en mi vida. Yo, desconcertado y por primera vez fascinado por otra persona, intenté devolverle la sonrisa y me presenté con cierto temor a romper el hechizo que su presencia silenciosa había impuesto. Pero ella no se desvaneció al hablar, no se arrepintió de haberse parado, y se quedó allí, conmigo, intentando charlar sin que sus penas se traslucieran en una conversación que quería ser vana.</p> <p>“Ella me reconoció como el nieto de mi abuela y acertó a decir que apenas se acordaba de ella, pero que en el pueblo la habían querido mucho por ser una buena mujer. Después de hablar sobre mi abuela y sobre el pueblo en general, me preguntó sobre la casa y mis intenciones y sobre cuánto pensaba quedarme. Y luego, sin apenas tiempo para reaccionar, dijo que se tenía que ir. Que no podía entretenerse más y que ya nos veríamos. Empezó a andar en dirección al pueblo, sin darme tiempo a ofrecerme a acercarla en mi coche y ya cuando estaba a buena distancia, recordé que no me había dicho su nombre y salí corriendo tras ella. “Lía”, me dijo… “como la primera mujer de Jacob”.</p> <p>“Lía… me gustó su nombre, me gustó cómo lo pronunció, cómo se le iluminó el rostro con una sonrisa menos triste que las anteriores, como pintada por un rayo de esperanza, por algo que no supe (o no quise) comprender en ese momento. Se alejó con paso vivo, se alejó y se convirtió en una promesa, en algo que yo quería volver a ver, a saborear, a poseer…</p> <p>“Volví al hotel y estuve toda la tarde pensando en ella. Ese día al levantarme había decidido que el momento de regresar a Madrid había llegado, pero después del encuentro en el cementerio, no pensaba igual. Sólo quería volver a verla y conocerla y ser una persona completa a su lado, tal y como me había sentido mientras hablábamos en la puerta de ese cementerio de pueblo. Y decidí que mi estancia en ese hotel y en el pueblo de mis abuelos se prolongaría tanto como ella marcara, tanto como yo la necesitara o como ella necesitara de mí. </p> <p>“Volví a buscarla pronto a la mañana siguiente. Pensé en el cementerio como primera opción y acerté. Allí estaba. De nuevo sobre la misma tumba, de pie junto a la cruz de hierro forjado, con su abrigo, su tristeza y sus lágrimas bañándole la cara. Yo esperé a que terminara con un ritual que suponía diario y de suma importancia para ella, y luego, como el día anterior, nos reunimos en la puerta del cementerio. Repetimos el encuentro durante días y nos hicimos amigos y algo más, porque con cada nuevo día nos acercábamos más y descubríamos lo que tanto anhelábamos, lo que ambos llevábamos toda la vida buscando: consuelo, abrigo, un reflejo de nosotros mismos. </p> <p>"Me contó todo de ella, de su vida triste en ese pueblo que se la tragaba, que no le ofrecía más que días idénticos unos a otros; de su matrimonio carente de emociones, de pasión… aunque no de amor, porque ella quería a su marido pese a todo, le quería con toda su alma y no podía dejar de quererle pese a no ser feliz con él; de sus hijos… el niño que le había nacido con problemas de corazón y que fue frágil y enfermizo toda la vida, hasta que tres meses antes se le había muerto entre los brazos, y la niña a la que había descuidado toda su vida por consagrarse al hijo que ahora no podía dejar de llorar… una vida que le palpitaba en el pecho pero que aún no había vivido hasta el punto de disfrutar, de ser un poquito feliz… un ser idéntico a como yo era entonces.</p> <p>“En apenas unas horas yo ya estaba enamorado. La quería ya tanto con apenas dos encuentros que hubiera hecho cualquier cosa por ella, por borrar la tristeza de sus ojos para siempre. Por conseguir que ella riera a gusto. Por lograr desterrar sus fantasmas… y ese fue, sin duda, el motivo de que finalmente acabara perdiéndola. </p> Dos vidas diferentes http://loislane.lacoctelera.net/post/2008/12/14/dos-vidas-diferentes 2008-12-14T17:01:08Z La otra vida de Lois Lane -La vi… Un trueno sonó a lo lejos, anunciando una inminente tormenta, tal vez tan tumultuosa como el interior de aquell... <p>-La vi…</p> <p>Un trueno sonó a lo lejos, anunciando una inminente tormenta, tal vez tan tumultuosa como el interior de aquellos dos seres que el azar había reunido en una habitación de hotel. El hombre calló un instante, interrumpido por el ruido de trueno, y Krysta supo que su mente y su corazón volvían al momento en que él se había encontrado con esa mujer, la mujer por la que había cambiado su alma.</p> <p>Krysta pensó que aquel hombre –Peio, ahora tenía un nombre–, era demasiado diferente a ella. Había tenido una infancia y una madurez solitaria, no había tenido pasión, ni alegrías desmedidas, ni el calor de otras personas aparte de su abuela. Pero tampoco había sufrido las consecuencias nefastas de que todo aquello que ella disfrutó se torciera. No había recibido palizas, ni le habían traicionado, ni había tenido que pactar la muerte de nadie. No había convivido con el terror ni con la pena devastadora de perder un hermano, de verlo cambiar y convertirse en un monstruo, en alguien a quien temer y odiar con toda la saña de un corazón mutilado.</p> <p>Peio no había sido feliz, pero al menos su cuerpo no tenía cicatrices como las que recorrían el suyo. Y no sólo cicatrices físicas, de las que las palizas y los abusos fueron surcando su piel, sino también de las que se fijan en el alma y van alimentando un ansia de venganza insana que te va alejando de esa muchachita dulce y alegre que ella había sido y que murió con la primera paliza.</p> <p>Krysta deseó la vida gris de ese hombre. Deseó no haber sufrido y no haber visto lo que sus ojos habían contemplado. Y deseó hacer hecho aquel maldito Pacto por otra persona, como él, por alguien que se lo mereciera y a quien amara, y no simplemente por ella misma. </p> <p>–Continúa, por favor. </p>