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Terra
La Coctelera

Categoría: (Dis)gusto emocional

FEVE no quiere a sus viajeros

Hace un par de semanas el señor Ángel Villalba se sentaba en el vagón de un tren FEVE y, acompañado de algunos ilustres colegas políticos, se hacía la foto para acreditar que ya había tomado posesión del cargo al frente de la institución ferroviaria. Villalba anunciaba más estaciones y más proyectos, entre ellos patrocinar a equipos deportivos por valor de 1.200.000 euros. A uno le asombra comprobar cómo el dinero se le escurre por entre los dedos a FEVE, mientras los usuarios han de sufrir a diario una afrenta contra las condiciones de transporte adecuadas. Y es que está muy bien esto de ser el nombre en la camiseta del Ademar, que apoyar al deporte está fenomenal, pero oiga, antes de ponerse a arreglar el mundo, piense que debería mejorar las tuberías de su propia casa.

Los trenes de FEVE son obsoletos, lentos, precarios y su funcionalidad está sujeta a la temperatura reinante en el exterior: cada vez que se superan los 30 grados, las cabinas se plantan y ya no tiran del convoy, dejando tirados a los viajeros unas cuantas veces por semana, sea donde sea: Matallana, Campohermoso, La Vecilla... Lo de este verano en FEVE no tiene nombre. Los fallos son tan importantes que los viajeros han pasado del padecimiento silencioso y conformista, a la tertulia diaria, al corrillo entre usuarios regulares, en el que se ponen en común todas las precariedades de una empresa que hace aguas por todas partes. Y lo de hacer aguas es literal, que las raras ocasiones en las que por las tardes funciona el aire acondicionado y se pueden combatir los cuarenta grados que acumulan los vagones, el pago es la lluvia incesante dentro del convoy. “Es el aire acondicionado, ¿qué se le va a hacer?”, contestan los revisores con encogimiento de hombros, que otra cosa no pueden hacer.

Los retrasos son continuos, el frío en los trenes de la mañana (hay días que se viaja con ocho grados a bordo) y el calor por las tardes (llegando a los cuarenta) es un problema realmente serio, la falta de explicaciones coherentes acaba desquiciando, las averías semanales (o diarias, incluso) minan la confianza en la solvencia de la empresa… así es difícil viajar, así es difícil contar con viajeros satisfechos y, claro, a la mínima saltan. Y más cuando en la prensa figura el señor Villalba sonriente, asegurando que las cosas van estupendamente y que en lugar de invertir los dineros en trenes nuevos y mejoras cualitativas del servicio, se invierte en patrocinar equipos deportivos. Y es que aún hay que rentabilizar la millonada que ha costado cercar todas las estaciones y dotarlas de sistemas informáticos de venta de billetes y tornos de entrada, “inútiles e ineficaces” según la mayoría de los jefes de estación, que pasan ahora más tiempo pendientes de que los viajeros no se queden ‘atrapados’ detrás del torno o de que los abuelos aprendan a usar el nuevo billete que de sus funciones normativas. En algunas estaciones se ha hecho un lavado de cara absolutamente exterior, mientas los almacenes son caóticos, los ordenadores de control de trenes están ocultos en cuartitos diminutos y sin refrigeración (imaginad un calentón lo que pudiera ocasionar al control informatizado de los ferrocarriles) y ni siquiera se cuenta con agua corriente en el edificio que hace las veces de estación…

En honor a la verdad, hay que señalar que la mayoría del personal de FEVE, los que tratan a diario con los viajeros que sufren este servicio altamente deficiente y perturbador, son unos benditos. Porque tragarse las miserias que van dirigidas a la empresa a la que representa, como cabezas visibles que son, mientras intentan solucionar la papeleta, tiene su mérito y salvo alguna desagradable excepción, siempre anteponen al viajero enfadado a sus propias funciones. Eso es lo único en lo que FEVE destaca de forma positiva: su personal en trenes y estaciones, auténticos profesionales que capean el temporal como mejor pueden, poniéndose siempre en la piel ajena del que sufre este servicio deficitario y moviendo los hilos prestamente para hacerle al viajero un poco menos amargo el trago de sufrir frío, calor, retenciones, paradas, retrasos, averías y mojaduras. Son estos trabajadores quienes animan a los usuarios descontentos a interponer quejas, a hacerse oír, a acudir a la prensa a ser escuchados, a no quedarse callados… como únicas formas de acabar con una situación que, por supuesto, para ellos tampoco es agradable.

No se ve nada claro que el futuro tenga forma de mejores servicios, nadie confía en que se salga fácilmente de esta espiral de despropósitos, pero es nuestro deber hacerlo saber, poner nuestro grano de arena para lograr que la maquinaria se ponga en marcha y se hallen soluciones, porque en una provincia con unos transportes tan poco competitivos (qué envidia dan otras provincias, ¿verdad?), hay que cuidar y mejorar lo poco que tenemos, al menos, para no recluirnos en posibilidades nulas y tercermundistas de movilidad, que bastante tenemos con las penosas carreteras provinciales y con el desorbitado precio de la gasolina.

No lo sé

No se me ocurre cómo escribir esta oda de despedida.

No sé cómo decirte adios.

No sé dejar marchar todas las cosas que guardo de ti.

Busco una canción que resuma lo que siento.

No encuentro nada, no hay nada.

Si fuera fuerte, le daría un portazo a esta relación.

Si fueras fuerte, lo harías tú.

Ambos débiles, ambos abandonados.

Y nadie dice la última palabra.

Y nada acaba... pero todo está muerto.

Se agota el tiempo y ninguno hablamos.

Se muere por dentro, en el pecho,

algo que una vez fue profundo amor.

Ni respeto el uno por el otro nos queda.

Ni respeto para acabar y cortar las cuerdas que nos atenazan.

Ni respeto para darnos libertad.

De piedra... ¿?

La situación no es nueva, pero quizá sí las sensaciones. Dónde está la angustia, dónde la tristeza, el dolor, las punzadas de soledad... dónde están las viejos sentimientos que me invadían ante situaciones similares... Por un lado la sensación de ausencia de vacío es placentera, te libera de las ataduras mundanas, de los compromisos adquiridos que ya, a estas alturas, comenzaban a ahogar y a reprimir. Por otro, el cariño es denso, espeso, pegajoso y se ha adherido a las entrañas, a las paredes viscosas de un corazón que bombea una sangre que lleva su nombre... Me debato entre flaquear, ceder de nuevo y solucionar un sucedido que, acaso, me convenga dejar como está o hacer precisamente eso, mandar todo a paseo y comenzar de cero.

Pero comenzar de la nada a mi edad, con mis circunstancias, con mis vivencias, con mi vacío alrededor... no debe ser empresa fácil. Soy una persona extrema, soy egoísta, soy lista, soy pragmática... asusto. No, para nada es fácil empezar y eso me da más miedo. Perpetuar el presente, un presente que me engulle, que no me aporta, que me ciega y ensordece por simple comodidad es monstruoso. Es demasiado egoísta hasta para mí y además, todo hay que decirlo, me llevaría sin remedio a un pozo del que pronto el ánimo decaído, muerto, desastrado, me impediría ascender.

La negrura ya se me tragó un día. Me aspiró con fuerza y yo, sin reticencias, sin ninguna resistencia, me dejé engullir porque era demasiado fácil. Ese día me rescataron de la muerte, cuando ya me acunaba en sus brazos de seda y su comodidad rosada, ese día me devolvieron al mundo y yo, que apenas era consciente de nada, de pronto comprendí lo cerca y fácil que hubiera sido irme... y lloré, y me lamenté y odié con profundo resentimiento las manos que me rescataron de la espiral. Las odié por alejarme de esa dejadez placentera y sencilla que implicaba el final... no pensé en nada más que en mí, en mi descanso, en la paz que iba a lograr. Egoísta una vez más.

Ayer el fantasma de la negrura se apoderó de mí por un instante. No por considerar que el hombro amigo ya está perdido, o que mi sangre ya no es su sangre... no... fue más que eso, fue comprender lo vacío que está todo, la poca satisfacción que todo me provoca, los dedos muertos que me acarician el corazón, que ya no late por nada, por nadie.

Sigo buscando lo que supone que ahora mismo debería estar sintiendo... y no sé qué me gustaría más: sentirlo con toda la intensidad de su devastador dolor o comprobar de una vez que ya soy completamente de piedra.

Palabras secas

Me pregunto si se me han secado las palabras, si ya no seré capaz nunca de sentarme y contar lo que necesito contar. Me pregunto si ya no tengo nada que decir, nada que compartir, nada que no sean palabras vacías y secas, sin contenido real, sólo relleno y floritura.

No es fácil para alguien que vive de contar cosas el parar de golpe, el notar que del pozo no sale más agua, que por más que lo intentas no encuentras nada a lo que aferrarte, ni siquiera la más mínima esperanza de cambio.

Y entonces llega el miedo. Miedo a no ser como eras antes; ese manantial por el que nunca dejaba de correr el agua, ideas siempre nuevas, siempre gratificantes. Miedo a no encontrar las palabras, a no poder comunicar ya nunca más, a no ser dueña de lo que callo y no sé cómo sacar de dentro.

El miedo es mal compañero de viaje, es una pesada losa sobre una tumba prematura que te atenaza y te va desmigando poquito a poco. Y cada día cuesta más enfrentarse al papel en blanco, cada día es más duro poner la primera palabra y seguir desde ahí hasta donde antes llegabas sin desvíos y sin peajes. La carretera se llena de curvas que amenazan con sacarte y perder tu rumbo.

Estoy seca... busco la primavera y me temo que ante mis pies sólo se abra un largo y tan frío invierno que acabe de marchitar la poca creatividad que le quede a mi mente achicada. Así que perdonad, amigos, la falta de entradas, la falta de temas, de ideas, de palabras bien escogidas. Perdonad la ausencia, el silencio, el vacío que un día dejé aquí y que cada segundo que pasa parece hacerse más grande, ya casi abismal…

Prometo no rendirme. Prometo seguir buscando las palabras correctas, esas que me hagan revivir de este letargo. Prometo perseguir la primavera y buscar la resurrección de una vida en prosa que tantas alegrías me ha dado a lo largo de los meses. Prometo batirme en duelo con el miedo y prometo no olvidaros. ¿Me esperaréis?

El verano que se nos escurre entre los dedos...

Se acaba el verano más atípico de nuestra reciente historia y eso que decían que iba a ser el más caluroso en años. Se va sin calores, sin estabilidad, sin apenas buenas noticias y con la sensación de vacío y hastío que a uno siempre le invade cada vez que le toca el turno a la hoja de septiembre en nuestro calendario.

Se va el verano y nos deja el regusto de bilis amarga en la boca del estómago. A falta de la última fase de la operación retorno, nos dicen que en las carreteras españolas se han dejado la piel en el asfalto 241 personas, rompiendo la tendencia a la baja que imperaba tras la entrada en vigor del manido carné por puntos. El último ayer tarde, en la M-40: tres muertos en un vuelo de automóvil, en un accidente con tan poco sentido como los 200 siniestros viales que le han precedido hasta la fecha. Nos dicen, también, que las manos amantes de antaño se tornan sogas de horca en los cuellos de mujeres desvalidas, que pierden la vida por los celos, los desamores y las rutinas. Van 65 atrocidades en este 2007, 65 ataúdes que contienen a 65 mujeres que fueron víctimas del amor mal entendido de sus parejas… ¿hasta cuándo tendrán que seguir teniendo miedo?

Llegan los recambios y no hablo de la liga. Se borró a HB del mapa político, pero sólo nominalmente. Y vino a sucederle ANV, que heredaba modos y maneras, amparándose en unas siglas con mucha historia pasada en Euskadi. ETA vuelve a la carga, y vuelve sobre sus antiguos fueros, haciendo de la Guardia Civil nuevamente su necio objetivo, convencidos en la ‘maléfica’ presencia de esos hombres en una tierra sobre la que se creen con derechos de sangre. Y ese apéndice que dicen que es político, esos que ahora se llaman ANV, callan como putas las andanzas de fuego y odio de sus compinches armados, sembrando el miedo, desafiando la paz. Y encima sonríen entre dientes… ver para creer.

La inmigración presenta números más saneados que el verano pasado y, mientras los franceses abanderan un movimiento contra esta veta de la política española, Moratinos dice que las cosas bien hechas dan estos resultados (habla de ese invento que han dado en llamar ‘Operación Paso del Estrecho’, por el que se han devuelto a su casita a más de 236.000 inmigrantes desde que se firmaron los acuerdos con los países de origen de estos despatriados). 6.000 personas menos han llegado a las costas canarias en este 2007, menos responsabilidades, menos ojos tristes, menos desgracias en alta mar… las pateras se siguen fletando allá en sus países de origen, la vida sigue dando azogue a cientos de miles de personas de Ceuta para abajo, pero parece que cada vez menos tienen la esperanza puesta en nuestra tierra… ayer 19 magrevíes llegaban a las costas de Lanzarote… la historia, no cesa.

La sonrisa se le pinta a una en la cara si cruza el Atlántico y pone la vista en la Casa Blanca, santuario de Bush, que cada día tiene más habitaciones vacías. Al republicano cada día le quedan menos ‘personas de confianza’ en su Gobierno y parece que se está quedando más solo que la una. Ayer le dimitía su querido Alberto Gonzales, su secretario de Justicia, aduciendo únicamente que “este es el momento correcto”. Y claro, ¿cómo no va a serlo?, ahora que todos sabemos de todas sus corrupetelas y escándalos, como el sonado caso del despido por su parte de ocho fiscales federales hace apenas un año. Se le van todos de su lado al texano, pero le quedan dos baluartes, dos inquebrantables perros de presa que aún le amparan: Condoleezza Rize y Dick Cheney, los últimos restos de la ‘guardia republicana’.

Nos llevamos las manos a la cabeza al ver cómo la suerte le resarce a Alonso y Hamilton revienta una rueda en el GP de Turquía… el asturiano entra en meta tercero y se coloca a sólo cinco puntos de su ‘compañero’ (por llamarle de alguna forma) de equipo… el balón de oxígeno es agradecido por Alonso, que no puede evitar la sonrisilla tonta que se le contagia a cualquiera al verle tan feliz. Y justo lo contrario, la tristeza puesta por montera, es lo que han tenido que hacer todos en Sevilla. El inicio de Liga más trágico nos han dejado a un jugador, Antonio Puerta, en la Unidad de Cuidados Intensivos de un hospital. Dicen que tiene daños cerebrales… no mejora, y tiene a todos desconsolados en la capital hispalense… más que nada a su novia, que en un para de meses traerá al mundo a una criatura que quizá no disfrute de su padre. En estas, los resultados y avatares de la primera jornada de Liga han pasado, por supuesto, a un acertadísimo segundo plano.

Más malas noticias las que llegan del mundo del espectáculo. A sólo unos días de conmemorar los 30 años de las muertes de dos pesos pesados de la música y el escena (Elvis Presley y Henry Fonda), tenemos que despedir a dos importantes representantes de nuestra cultura patria: ayer moría Emma Penella. Hoy nos ha dicho adiós el literato Francisco Umbral… se nos va un trocito de la historia artística de este país.

No anda el verano sobrado de buenas noticias. De hecho no se prodigan mucho últimamente… veremos si el otoño es más agradecido y, a parte de estabilidad atmosférica, nos regala sonrisas y celebraciones, que el panorama está muy gris…

Dedicado con todo mi cariño a quien guste de cuestionar la mano que se esconde detrás de mis escritos...

Lo que muere con los años

Es un tópico recurrente eso de decir que ‘la vida a veces te da sorpresas’. Estos días me estoy llevando sorpresa tras sorpresa y no se me quita la expresión de alucinada de la cara, ya sabes, esa cara de tonta con la boca abierta… una de mis amigas de la infancia se casa el próximo día 7 de julio. Yo no tenía mucha intención de ir a la boda por varias y muy poderosas razones, entre las que destacan mi fobia por ese tipo de actos de despilfarro, las pocas ganas de Rubén por acompañarme y darse a conocer a todos los conocidos que aún no le ponen cara al hombre que comparte mi vida y, últimamente, lo de meternos en gastos de casa y reforma, que dejan poco más que agujeros en los bolsillos.

Ya en su día intenté hacerle comprender a mi amiga que sería difícil que me viera por su casamiento/bodorrio, porque es la primera de todas nosotras (las amigas del cole) y si caes en la espiral de acudir a la primera boda, ya nada te salva de pasarte los próximos diez años de tu vida de ceremonia en ceremonia, asqueada por dejarte vencer y llevada a los infiernos de la parafernalia social de forma inevitable.

Sí, quizá es que soy una asocial irremisible. Quizá es que me regodeo dando la nota, llamando la atención, siendo la radical… pero creo que tengo derecho a expresar mi desacuerdo con algo que no creo ni comparto. En dos años he rechazado acudir a cuatro bodas (ninguna de amigas íntimas como este caso, eso es cierto), pero hasta ahora nadie me había juzgado y condenado.

Mi amiga (ahora no tan amiga, by the way) no se ha tomado nada bien mi negativa a formar parte del festín. Y cuando digo festín es súper-mega festín, de muchos invitados y mucha alcurnia. Y se lo ha tomado tan poco bien que ha dejado de hablarme. No me felicitó por mi cumpleaños por primera vez desde que nos conocemos y ayer mismo me enteré, por una tercera amiga, que ya se ha llevado a cabo la despedida de soltera a la cual yo fui considera ‘No Digna de Mención’, así, sin más. El resto de amigas (comunes, por supuesto) consideraron que yo no tenía ni por qué saber que se celebraba semejante fiestorro…

Me he sentido bastante desplazada por todas ellas. Esas amigas con las que crecí y compartí tantísimas cosas hasta hace relativamente poco tiempo. Supongo que es el precio por ser la amiga más asocial del grupo, la de más carácter, la más borde y, acaso, la más prescindible de todas. Bueno, mi vida hace tiempo que no está unida a la de ninguna de aquellas amigas de la infancia y la adolescencia, especialmente a dos de ellas que (sí, llámame snob) son demasiado simples para mí y hace una década que no me aportan nada salvo un aburrimiento letal. Pero me duele por la que va a casarse, a la que verdaderamente tengo mucho cariño. Me duele que crea que no acudo a su boda por capricho o despecho, por ser más protagonista que ella. Me duele que se haya enfadado y me deje tan de lado que se haya olvidado de que existo…

Espero y deseo que su boda salga a la perfección. Y que tenga un matrimonio largo y feliz. Y deseo que nunca se sienta mal con ella misma por seguir sus propios criterios y creencias como todo este asunto de su boda me lo está haciendo sentir a mí. Y a modo de homenaje y regalo ‘simbólico’, ahí le va un tema cual presente marital (mi canción de boda favorita, es tan bonitaaaaaaaaaaaa)

De qué sirve engañarse a estas alturas, ¿verdad? Será eso que dicen que llega una edad en la vida en la que las personas nos manifestamos tal y como somos y nos aferramos a las prioridades. Quizá mis amigas de hace años no son ya ninguna prioridad. Igual ya somos tan diferentes que no tenemos nada en común, que nuestros caminos y nuestras elecciones nos separaron de una forma irremediable. Quizá no se pueda recuperar la fe en la inocente amistad de antaño como no podemos recuperar esos años felices de la infancia que nos juntaron. No sé… me pongo trascendental, lo sé. Pero es que creo que he sentido como si un pedacito de mi corazón se hubiera muerto, aniquilado con todo aquello que a los dieciocho años suponía inquebrantable.

Resistiré

Cuando pierda todas las partidas
Cuando duerma con la soledad
Cuando se me cierren las salidas
Y la noche no me deje en paz.

Cuando sienta miedo del silencio
Cuando cueste mantenerse en pié
Cuando se rebelen los recuerdos
Y me pongan contra la pared.

Resistiré, erguido frente a todo
Me volveré de hierro para endurecer la piel
Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte
Soy como el junco que se dobla
pero siempre sigue en pié.

Resistiré para seguir viviendo
Soportaré los golpes y jamas me rendiré
Y aunque los sueños se me rompan en pedazos
Resistiré, Resistiré...

Cuando el mundo pierda toda magia
Cuando mi enemigo sea yo
Cuando me apuñale la nostalgia
Y no reconozca ni mi voz

Cuando me amenace la locura
Cuando en mi moneda salga cruz
Cuando el diablo pase la factura
O si alguna vez me faltas tu.

Resistiré, erguido frente a todo
Me volveré de hierro para endurecer la piel
Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte
soy como el junco que se dobla
pero siempre sigue en pié.

Resistiré, para seguir viviendo
Soportaré los golpes y jamas me rendiré
Y aunque los sueños se me rompan en pedazos
Resistiré, Resistiré...

Desde abajo, te devora...

Me dices que he cambiado, que ya no salto ni me enfado como antes, que mi carácter se ha suavizado... yo te digo que no es madurez, ni superación, ni siquiera autocontrol... te digo que no me agito porque he dejado de sentir, porque la apatía se me come entera...

Tú dices que es mejor así, que demuestra que soy una persona más adulta, que el cambio es para bien. ¿Mejor? ¿es mejor no sentir nada a mis reacciones desmesuradas? ¿Es mejor no notar cómo una mano me pellizca las entrañas o se me encoge el corazón en un puño? ¿es mejor no querer reir ni llorar? ¿es mejor dejar de sentir miedo y de saborear los momentos felices? ¿es mejor no tener ganas de nada? ¿es mejor no saber si te quiero y además, no importarme la respuesta?

No, no es mejor... porque la apatía me está devorando... anhelo deseos de sentir, de padecer... de desenrollar el ovillo que atenaza mis sentimientos, de volar, de saborear la vida, de querer hacerlo... quiero que se vayan las limitaciones, que me importen las cosas y quiero volver a sentirte como antes, quiero que seas la mano que me rescate, quiero...